Este blog busca difundir algunas fuentes de la obra vygotskiana publicada en español, así como traducir algunos artículos editados en revistas y libros o bajados de la red; todo relacionado con Vygotski.

miércoles, 19 de abril de 2023

Henrique Silva, de Paiva y Salomao Magiolino


 

El problema del trabajo, la consciencia y el signo en el desarrollo humano

Daniele Nunes Henrique Silva, Ilana Lemos de Paiva y Lavínia Lopes Salomão Magiolino

En: Vygotsky and Marx. Toward a Marxist Psychology. Eds. Carl Ratner and Daniele Nunes Henrique Silva. Oxon and New York: Routledge, 2017, pp. 118-131.

 

Correcciones al traductor de google: Efraín Aguilar

 

Las áreas de la psicología están interesadas en comprender cómo se desarrolla el hombre, cómo aprende y cuáles son los mecanismos explicativos de su psique particular, en comparación con el comportamiento animal. Influenciada por la filosofía occidental, la psicología centró sus esfuerzos explicativos en buscar investigar la relación de los órganos de los sentidos con los estímulos ambientales. Esto se deriva del hecho de que muchos psicólogos están de acuerdo en que el funcionamiento psicológico superior de los humanos deriva de la compleja asociación que establecen con la naturaleza.

Sin embargo, aún observamos paradigmas epistemológicos que dicotomizan la relación naturaleza/cultura como una forma de comprender el funcionamiento mental superior, sus orígenes y su constitución en los planos filogenético y ontogenético (ver Damasio, 1994, 1999, 2003; Edelman, 1989, 2006; Tomasello, 1999, 2003; entre otros).

La relación de la conciencia humana con el lenguaje, la cultura y el uso de instrumentos y signos atraviesa la obra de autores contemporáneos y adquiere diferentes énfasis. Podemos ver en Damasio (1999), por ejemplo, la omisión del lenguaje en su explicación de la conciencia y el realce de procesos imaginativos y señalizadores, enraizados en el cuerpo, para marcar estados de ánimo. Esta es realmente una explicación mecanicista y funcionalista de la conciencia (Magiolino y Smolka, 2013). En Edelman (1989), la morfología cerebral adquiere relevancia para la comprensión de la conciencia. En Tomasello (2003), la inclusión en la cultura, el uso de instrumentos y la dinámica de cooperación subsidiada por el lenguaje se destacan en las diferentes explicaciones de los procesos humanos y animales.

Dichos paradigmas conducen a discusiones sobre el problema de la conciencia en la filosofía y la psicología clásicas. En la época de Vygotski, esta era una preocupación central, como se puede ver a continuación.

Discusiones entre los idealistas, influenciados por J. Locke (1632-1704), E. B. Condillac (1715-1780), etc., y los materialistas mecanicistas, representados por las ideas de R. Descartes (1596-1650), I. Kant (1724 –1804), etc., influyeron en esta cuestión en la psicología del siglo XIX. Los problemas de ese período (que todavía resuenan hoy) estaban circunscritos por la noción de la verdad como el núcleo de la Ilustración, las ideas sobre las ciencias naturales frente a las ciencias humanas y las diferentes interpretaciones de la misión científica de la psicología recién establecida.

La psicología idealista, representada por E. Spranger (1882-1963) y C. Ivanovich (1862-1936) entre otros, defendía la idea de que el conocimiento producido por los hombres estaba constituido exclusivamente por impresiones e ideas asociadas, desde formas simples hasta configuraciones más complejas. Aunque se preocupó por la base explicativa de la conciencia, la psicología idealista no logró desarrollar una metodología que cumpliera con los requisitos de la investigación científica, refugiándose en cambio en el asilo espiritualista.

En sentido adverso, las críticas sostenidas por las concepciones mecanicistas señalaron la necesidad de estudiar el comportamiento humano a partir de las ciencias naturales, a partir de los trabajos de Pávlov (1849-1936) y Béjterev (1857-1927), entre otros. El enfoque científico natural buscaba comprender los fenómenos psíquicos humanos extrapolando los procesos elementales del funcionamiento superior. La conciencia era imposible de acceder y, por lo tanto, se descuidó en estos experimentos.

En las formulaciones de Vygotski (1997a,1 1997b), seguimos sus críticas a estos enfoques sobre la base de que subyugan o excluyen los procesos superiores –y, por tanto, la conciencia– del campo de la psicología científica y la objetividad metodológica.

Así, para Vygotski, los reflexólogos y reactólogos, con los que conversa, interpretan la conducta y todos sus componentes como limitados a una suma de reflejos: “¿Qué es la sensación? Es un reflejo. ¿Qué son el lenguaje, los gestos, el mimo? También son reflejos. ¿Y los instintos, los lapsus, las emociones? También son reflejos” (2001, p. 61).

Vygotski informó, a una edad muy temprana, que el dualismo como forma de analizar e investigar la psique humana solo podía resolverse a través de la revisión epistemológica y metodológica. Se opuso firmemente al reduccionismo de la reflexología en términos de teoría e investigación. Se preguntó cómo es posible construir una ciencia sobre dos tipos de seres fundamentalmente diferentes (Vygotsky, 1999, p. 362).2 Su respuesta fue la construcción de una psicología general que tenía su fundamento en el materialismo histórico y dialéctico.

En resumen, podemos afirmar que a lo largo de su obra (1997a, 1997b, 1997c, 1998, 1999), Vygotski cuestiona las heridas del separatismo epistemológico. Insta a los investigadores a trasladar el problema de la génesis de la psique de una base naturalista y/o espiritualista a una dimensión social e histórica.

Para tener éxito en esta tarea, apela a las ideas marxistas, revolucionando los estudios en esta área pues ya no trata los fenómenos de la psique de manera aislada, sino como dentro de una totalidad. Defiende, por tanto, una psicología socio-psicológica, capaz de trabajar dialécticamente con la subjetividad y la objetividad (Sawaia y Silva, 2015).

La cadena histórico-cultural abre una nueva forma de entender las relaciones humanas con el medio ambiente, revelando el papel fundamental de la historia y la cultura en la formación de las funciones psicológicas superiores, entre las que destaca el lenguaje por su estatus en la psique y su papel en la el desarrollo de la conciencia. Vygotski analiza el origen del pensamiento humano y su constitución social por mediación y procesos simbólicos, particularmente influidos por las consideraciones filosóficas de Marx.

 

El trabajo en la constitución del mundo de los hombres: K. Marx y G. Lukács

De acuerdo con la teoría marxista, la categoría trabajo es uno de los fundamentos ontológicos en la obra de Vygotski, presentada como el momento central en la constitución del mundo de los hombres. Vale la pena recordar que Marx tomó una visión radical de la historicidad de los seres humanos, defendiendo la idea del hombre como un animal social. Vygotski, siguiendo este principio, asume que el trabajo colectivo es la génesis de la actividad consciente en la estructuración cultural de los hombres, y de ahí deriva la explicación de la formación de un psiquismo superior.

Esta declaración se ilustra en la siguiente cita de El capital de Marx (2002, pp. 211-212):

La araña realiza operaciones que recuerdan a un tejedor y las cajas que construyen las abejas en el cielo podrían deshonrar el trabajo de muchos arquitectos. Pero incluso el peor arquitecto se diferencia de la abeja más hábil desde el principio en que antes de construir una caja con tablas, ya la ha construido en su cabeza. Al final del proceso de trabajo obtiene un resultado que ya existía en su mente antes de empezar a construir. El arquitecto no sólo cambia la forma que le da la naturaleza, dentro de los límites impuestos por la naturaleza, sino que también lleva a cabo un propósito propio que define los medios y el carácter de la actividad a la que debe subordinar su voluntad. (Citado en Vygotsky, 1978, p. xiii)

 

De acuerdo con Marx y Engels (2009),

 

los hombres deben estar en condiciones de vivir para poder “hacer historia”. Pero la vida implica ante todo comer y beber, una habitación, vestido y muchas otras cosas. El primer acto histórico es, pues, la producción de los medios para satisfacer estas necesidades, la producción de la vida material misma.3

 

Para Abreu (2015), la supervivencia humana depende de la producción de los bienes materiales necesarios para la vida, ocurriendo a través de la transformación intencional de la naturaleza a través del trabajo. Al hacer esto, los hombres no solo producen los recursos para vivir, sino que también desarrollan su propia conciencia a partir de las relaciones sociales. Como establecieron Marx y Engels: “los hombres, al desarrollar su producción material y sus relaciones materiales, modifican con ello su existencia real, su pensamiento y los productos de su pensamiento. La vida no está determinada por la conciencia, sino la conciencia por la vida” (2009).4

Silva (2012), partiendo de esta premisa, explica que el hombre crea su sustento e

indirectamente, su materialidad. A través del trabajo (actividad social), sus condiciones de existencia a lo largo de la historia natural se convierten en una historia esencialmente cultural en la que la naturaleza (constitutiva de la condición biológica del ser) se encuentra bajo la influencia de la cultura.

Por lo tanto, es importante resaltar que nuestras acciones en el mundo están intrínsecamente relacionadas con las condiciones materiales dadas por la realidad misma. Así, no son los productos de la conciencia los que constituyen los cimientos de la matriz de la realidad social, sino las relaciones materiales que los hombres establecen entre sí las que explican las ideas y las instituciones creadas por ellos. Según G. Lukács (1885-1971) – uno de los teóricos más importantes del moderno marxismo– como fundamento ontológico del ser social, la categoría trabajo es el fundamento no excluyente de todos los procedimientos reproductivos. Simultáneamente, sólo en el contexto de la reproducción social puede existir el trabajo (Lukács, 1976).

Visto en estos términos, es importante rescatar el concepto marxista de trabajo, retomado por Lukács, para señalar la dimensión ontológica de la obra de Marx que anuncia la historicidad de la esencia humana, como sería discutida por Vygotski.

Según Lukács, el sistema de reproducción social se forma a través de procesos, determinados históricamente, que son siempre contradictorios y que construyen al hombre como un ser social, ontológicamente distinto de la naturaleza pero que mantiene una relación metabólica inalienable con la naturaleza. Es en este contexto de procesos concretos e históricos que las categorías ontológicas universales del ser social cobran existencia a través del trabajo.

Por tanto, la reproducción social, como categoría ontológica, remite a mediaciones privadas que permiten a los seres humanos alcanzar niveles de sociabilidad aún más elevados y complejos en cada momento histórico. Esto ocurre al mismo tiempo que se configuran formas concretas de existencia y se desarrollan categorías universales del ser social. En suma, siguiendo a Marx, Lukács aplica la etiqueta de reproducción social al sistema de categorías formado por la esfera de las especificaciones, que son momentos reales e históricos de creación del ser (Lukács, 1976; Lessa, 2004).

Para Lukács, el mundo de los hombres es una nueva sustancialidad, puramente social, que nada tiene que ver con las leyes naturales aunque requiere un intercambio orgánico incesante con la naturaleza (Lessa, 1995, p. 13).

Por tanto, es necesario buscar en el ser social su lógica específica, los procedimientos ontológicos que diferencian al ser natural del ser social y, dentro de éste, las categorías específicas que permitan el desarrollo de cada vez más totalidades sociales que se distingan, paso a paso, de la relación inmediata originaria del hombre con la naturaleza. En este proceso de elevación a niveles complejos y superiores de sociabilidad, que es la reproducción del ser social, el mundo de los hombres está cada vez más influido por categorías puramente sociales.

Para los pensadores marxistas, el proceso de individualización de los hombres sólo es posible a través de la historia. El hombre, según la ontología lukácsiana, emerge como un ser general, animal tribal, gregario, como resultado de complejas relaciones de producción (Hobsbawn, 2011). Esta peculiaridad del trabajo, “producir más de lo necesario para la reproducción del trabajador”, es el “fundamento objetivo” de toda la historia humana (Lessa, 1995).

En la sociedad de clases, especialmente en el capitalismo, cuanto más se apropia el trabajador del mundo exterior a través de su trabajo, más se le priva de sustento (Marx, 2004, p. 86). Desde esta perspectiva, el trabajador comienza a relacionarse con el producto de su trabajo como un objeto extraño.

El trabajo es un producto orgánico necesario (Lukács, 1976) y, al mismo tiempo, se constituye como una influencia en el proceso de socialización, requiriendo el desarrollo inmediato de sistemas que antes no existían en la naturaleza. El esquema de la praxis (ideación-acción-evaluación) sólo es posible porque la existencia de la conciencia, como preconiza Vygotski, ha sido creada en la dimensión ontológica para las necesidades del trabajo.

Esta situación ontológica no es simplemente la continuación de la misma, sino también una continuación que se construye en cambio perenne e incesante. El órgano y el medio de tal continuidad, según Lukács, es la conciencia (Lessa, 1995, p. 34).

En este sentido, podemos afirmar que el trabajo es imposible sin conciencia aunque después de un tiempo determinado de desarrollo histórico, se vuelve conscientemente social, logrando la “plena explicación del ser-para-sí del hombre” (Lukács, 1976, p. 183) y superando su mutismo originario.5 De esta forma, Lukács sitúa en el trabajo la génesis ontológica del lenguaje, como capacidad de crear innovaciones objetivas y subjetivas, en la medida en que retiene la conciencia y hace comunicables las conquistas del hombre.

Siguiendo esta línea de argumentación, en la ontología lukácsiana el lenguaje es indispensable para la continuidad de la reproducción del ser social. Tomando en cuenta la necesidad de la actividad social y la relación entre el hombre y la naturaleza, así como las relaciones entre las propias personas, la experiencia simbólica cumple la doble tarea de captar y fijar lo singular y lo universal. La función social del lenguaje significa que pronto se convierte en un sistema social universal ya que no hay ningún aspecto de la praxis humana que pueda lograrse sin mediación (Lessa, 1995).

El lenguaje es lo que permite la ideación previa, pudiendo mediar relaciones de abstracciones fundamentales – lo que Vygotski exploraría como una especificidad del funcionamiento psicológico superior. De esta manera, es posible operar, en el campo de la conciencia, con una concreción que no se le presenta al ser humano de manera inmediata pero que es elemental para las actividades de trabajo y sus derivaciones (arte, filosofía, ciencia, etc.).

En el contexto social, el lenguaje es lo que media otros sistemas de reproducción social, como la ideología, una vez que tiene su centralidad en la entrada teleológica de segundo orden; en otras palabras, la acción humana modifica la naturaleza indirectamente por la acción de un ser humano sobre otro.

 

El problema de la conciencia y el lenguaje en Vygotski y Bajtín

Como exploramos anteriormente, para los pensadores marxistas el trabajo es la categoría central explicativa de la especie humana. Vygotski es consciente de ello y a partir de esa premisa comienza a comprender la conciencia y el sistema psicológico superior. Evita reducirlos a fenómenos subjetivos y/o descripciones mecanicistas. Sus ideas parecen muy cercanas a las elaboradas por Lukács, pero con algún énfasis diferente, como sigue.

Para Vygotski (1989), lo que define al trabajo es la necesidad de transformación de la naturaleza. De hecho, si el paisaje natural no presentara ningún desafío a la perpetuación de la especie, probablemente los hombres no necesitarían crear nuevas formas de sociabilidad y existencia. Es la insuficiencia la que genera la creación de nuevas acciones, producto de la necesidad de supervivencia (Vygotsky, 2004).

En términos evolutivos, esto significa que a través de la mediación, el paisaje natural podría convertirse en una construcción cultural. Este salto cualitativo en el curso de la evolución resultó en la transformación de lo orgánico en un sujeto social. Según A. Luria (1902-1977), esto sólo fue posible por dos factores: a) el uso de instrumentos y b) el nacimiento del lenguaje.

De hecho, de acuerdo con lo que exploramos a continuación, es a través del sistema de signos y los instrumentos, cuyo uso permitió al hombre cambiar el mundo, que las prácticas sociales comenzaron a complejizarse. Los avances comunicacionales y tecnológicos derivados de la mejora de los instrumentos posibilitaron nuevos arreglos societarios que cambiaron las formas de pensar, sentir y actuar. Es decir, el uso de signos e instrumentos marcó, en la filogénesis, el paso del Hombre Animal al Hombre Cultural, y eso se convirtió en el fundamento para la comprensión mental del orden superior.

Engels (s.f., p. 272) afirma que

 

Primero viene el trabajo, después de él, y luego, junto a él, el habla articulada: estos fueron los dos estímulos más esenciales bajo la influencia de los cuales el cerebro del mono se transformó gradualmente en el del hombre, que a pesar de su similitud con el anterior es mucho más grande y más perfecto.6

 

Para tratar esos sistemas en términos humanos más específicos, Vygotski (1978) presenta una aproximación entre signo e instrumento, subordinando estos a un concepto más general: la actividad mediada y su papel en la constitución de la psique. A diferencia de lo que sucede en el resto del mundo animal (por ejemplo, la tesitura instintiva de la tela de araña en una cita anterior), la actividad consciente está mediada por instrumentos (herramientas), por instrumentos psicológicos (signos) y por relaciones sociales humanas.

La creación del instrumento permitió, en términos filogenéticos, la transformación de la actividad externa. Nos referimos aquí al surgimiento de artefactos culturales (como la caña de pescar, el martillo, etc.) que promovieron un cambio radical en la forma en que el hombre utilizaba la naturaleza para producir sus bienes materiales.

El uso de instrumento -caracterizado por ser externo al hombre por su acción directa sobre la naturaleza- se relaciona principalmente con el nivel de actividad. Sin embargo, Silva (2002) advierte que esta herramienta externa es también un signo social compartido que se orienta al nivel intrapsíquico, trayendo en sí toda una historia de significación, de aspectos culturales de las prácticas colectivas y del uso de estos instrumentos por parte de los hombres. Por tanto, “el hacha es, al mismo tiempo, herramienta para el dominio de la naturaleza, y signo, palabra que designa el objeto mismo, portador de la historia de las acciones y de su significado, según el juego interpersonal de constitución cultural” (Silva , 2002, pág. 35).

De esta forma, el estudio del uso de los instrumentos (y la dinámica empresarial recurrente) nos incita a desarrollar el papel del lenguaje. Hay una analogía entre el desarrollo de formas de trabajo y prácticas sociales y el uso de instrumentos y producción de signos que no puede ser descuidada en los estudios en el campo histórico-cultural, por lo que asumimos la diferencia de las perspectivas mecanicistas y biológicas o neurobiológicas contemporáneas.

Para Vygotski, el surgimiento del lenguaje -el estatus de la palabra como signo- permitió al hombre operar a través de mecanismos mentales que incrementaron su potencial para resolver problemas. El lenguaje – entendido como producto y producción humana,  algo que lo hace posible en la relación social y va más allá de una visión mecanicista de simbolización, decodificación de signos y comunicación – constituye el pensamiento, la  emoción, la percepción y la memoria. Por eso podemos afirmar, basándonos en Vygotski, que sin el lenguaje sería imposible la conciencia humana.

Vygotski (2014, pp. 346-347) establece que:

 

La conciencia se refleja en una palabra como el sol en una gota de agua. Una palabra se relaciona con la conciencia como una célula viva se relaciona con un organismo completo, como un átomo se relaciona con el universo. Una palabra es un microcosmos de la conciencia humana.7

 

Según Luria (1991), al comenzar a operar con signos, tres cambios esenciales surgen en los hombres: a) la capacidad de diferenciar objetos y conservarlos en la memoria; b) la capacidad de abstracción y generalización conceptual; c) la posibilidad de transmitir y perpetuar la información, permitiendo al hombre asimilar la experiencia y dominar el conocimiento, históricamente producido y acumulado por la humanidad.

El lenguaje surge como una forma de comprender al otro y a uno mismo y, al mismo tiempo, actuar sobre el mundo y sobre uno mismo. La palabra interiorizada actúa como instrumento psicológico, como signo, y constituye el pensamiento. En este proceso, el lenguaje comienza a guiar las acciones y a dar forma a los complejos procesos que constituyen la conciencia humana. Según Vygotski (1999), el estudio de la génesis de los procesos psicológicos muestra que las operaciones volitivas involucran la dimensión interpsicológica.

Aquí podemos comprender el papel del lenguaje articulado para el conocimiento y la conciencia. El lenguaje es, desde el punto de vista ontogenético, una forma de establecer un vínculo entre el niño y quienes lo rodean. Gradualmente, comienza a diseñar su comportamiento a partir de palabras que de alguna manera fueron compartidas en su propia dinámica social (Vygotsky, 1999). Como vemos, para Vygotski la conciencia del individuo implica empatía ya que una de las leyes fundamentales del desarrollo de las funciones psicológicas superiores surge de un desdoblamiento de la idea de funciones en las relaciones interpersonales y su síntesis en una persona.

También es notable que los signos, que se perciben como de gran importancia en la historia del desarrollo cultural, fueron inicialmente un medio de contacto, un medio para actuar sobre los demás. Cuando consideramos su verdadero origen como una forma de contacto, podemos decir que los signos son, más ampliamente, un medio de contacto entre ciertas funciones mentales de carácter social. Transferidos al yo, también proporcionan un medio para combinar funciones dentro de uno mismo, y podremos demostrar que sin los signos y el habla, el cerebro y las conexiones originales no podrían formar relaciones tan complejas.

El problema de la reacción (volviendo a Pávlov y los reflexólogos) se vuelve críticamente reelaborado, intrínsecamente conectado con el problema de la interfuncionalidad en los sistemas psicológicos, el signo y la significación que se utiliza en la elaboración de Vygotski en Pensamiento y lenguaje.

Para Vygotski, la palabra como un microcosmos de la conciencia es, como vemos en Bajtín (1895-1975), un signo del más alto nivel. Además, el signo no es algo del mundo natural que ocupan los humanos, sino algo del orden humano en el mundo social. No es un reflejo, no es solo un mecanismo del orden orgánico natural que sirve para constituir la psique y guiar la acción humana, sino algo que se forma a través de las relaciones sociales y fuera de las esferas históricas y culturales: es una producción humana. Así, la funcionalidad psicológica superior humana no es algo que surja de mecanismos biológicos, ni se caracteriza por la complejidad del aparato biológico de la especie; más bien, refleja la inserción de sí mismo en la historia y la cultura humana y la creación de instrumentos y signos que afectan y rediseñan esta funcionalidad.

Smolka (2004), al discutir las condiciones y modos de producción de la significación, muestra que en el desarrollo conceptual de Vygotski pasamos de la representación (formulación de imágenes, esfera orgánica) a la significación (producción de signos y sentidos, esfera cultural). Smolka (2004, p. 42) nos ayuda a comprender la cuestión de la palabra/verbum:

 

El signo, como lo que se produce y estabiliza en las relaciones interpersonales, actúa, resuena, reverbera en los sujetos. Tiene como características la impregnación y la reversibilidad, es decir, afecta a los sujetos en (y en la historia de) las relaciones. Además, la palabra como signo por excelencia se destaca aquí como forma más pura y sensible de relación social y, al mismo tiempo, material semiótico de vida interior. Al constituir una especificidad humana – permitiendo al hombre no sólo indicar, sino nombrar, resaltar y referir a través del lenguaje; y a través del lenguaje ser capaz de dirigir, planificar, (inter)regular acciones; también conocer el mundo, conocerse (a sí mismo) y convertirse en sujeto; permite al hombre liderar y construir la realidad. La aparición del verbum constituye un acontecimiento de carácter irreversible.

 

En resumen, podemos afirmar que Vygotski, en su perspectiva histórico-cultural, aporta una serie de elementos a la comprensión de la conciencia y del funcionamiento psíquico específicamente humano en un diseño que no es dicotómico, idealista o mecanicista. Para él, el aparato biológico está rediseñado; se transforma en y a través del proceso de inmersión en la historia y la cultura, en y a través del proceso de significación. Sin embargo, sus elaboraciones sobre los signos se limitan a su rol psicológico y de mediación.

En M. Bajtín-Voloshínov (2002), encontramos elementos que profundizan y hacen avanzar esta discusión, ya que el filólogo ruso comienza a tratar este instrumento psicológico propuesto por Vygotski –el signo– como un hecho ideológico que está profundamente enredado en las relaciones sociales de los modos de produccion.

El signo, para Bajtín-Voloshínov, se comparte en los contactos sociales que se constituyen en formas de pensar y actuar en los escenarios sociales. El vínculo entre la palabra y la superestructura y la infraestructura refleja las relaciones de producción y las luchas sociales. Es importante destacar que, según esta línea de argumentación, un producto ideológico también se conjuga con una determinada realidad, ya sea natural o social, pero se diferencia de otros productos porque refleja otra realidad que le es exterior. En este sentido, el fenómeno o producto ideológico implica un sentido y un alcance fuera de sí mismo.

En el proceso de comprensión de la significación del lenguaje, por ejemplo, Bajtín-Voloshínov (2002) señala la dificultad y complejidad del problema y señala la importancia de tomar en consideración dos conceptos: tema y significación. El primero comprende no solo las formas lingüísticas que forman parte de la composición (palabras, formas, sonidos, etc.), sino también los elementos no verbales de la situación porque todos los elementos de la situación son importantes para comprender la enunciación. Según Bajtín-Voloshínov (2002, pp. 128-129): “El tema de un enunciado es concreto, tan concreto como el instante histórico al que pertenece el enunciado. Sólo un enunciado tomado en su alcance pleno y concreto como fenómeno histórico posee un tema”.8

La significación es una huella de la unión entre interlocutores; sólo se realiza en el proceso activo y receptivo de comprensión. Para Bajtín-Voloshínov (2002, p. 123),

 

el significado no reside en la palabra ni en el alma del hablante ni en el alma del oyente. El significado es el efecto de la interacción entre el hablante y el oyente producido a través del material de un complejo de sonido particular. Es como una chispa eléctrica. … Sólo la corriente del intercambio verbal dota a una palabra de la luz del sentido.9

 

Sostiene que “los signos solo pueden surgir en un territorio interindividual” (2002).10 Los signos surgen del proceso de interacción entre las conciencias individuales. La conciencia individual no explica el entorno ideológico y social, ni se constituye, en un principio, eliminándose de él. Por el contrario, para Bajtín-Voloshínov, sí es un hecho social-ideológico; un fenómeno forjado en este entorno. En otras palabras, la conciencia adquiere forma y existencia en y a través de los signos creados por un grupo organizado en el curso de sus relaciones sociales. Palabra, gesto, imagen, sentido y significado dan forma a la conciencia humana. Sin este material semiótico, que es ideológico, sólo existe el simple fenómeno orgánico y fisiológico, privado de los sentidos que sólo los signos pueden dar.

Bajtín-Voloshínov (2002, p. 49) establece que

 

La realidad de la psique interna es la misma realidad que la del signo. Fuera del material de los signos no hay psique; hay procesos fisiológicos, procesos en el sistema nervioso, pero ninguna psique subjetiva como una cualidad existencial especial fundamentalmente distinta tanto de los procesos fisiológicos que ocurren dentro del organismo como de la realidad que abarca el organismo desde el exterior. … [L]a psique subjetiva debe localizarse en algún lugar entre el organismo y el mundo exterior, en el límite que separa estas dos esferas de la realidad. Es aquí donde tiene lugar un encuentro entre el organismo y el mundo exterior, pero el encuentro no es físico: el organismo y el exterior se encuentran aquí en el signo. La experiencia psíquica es la expresión semiótica del contacto entre el organismo y el medio exterior.11

 

Para este autor, todo gesto o fenómeno orgánico -respiración, circulación sanguínea, movimiento corporal o lenguaje interior- puede convertirse en materia de expresión y ejecución de la actividad psíquica. Después de todo, todo lo que puede adquirir un valor semiótico tiene un carácter ideológico.

Es en este sentido que Bajtín-Voloshínov (2002, p. 38) argumenta:

 

Todas las manifestaciones de la creatividad ideológica —todos… los signos no verbales— están bañados, suspendidos y no pueden segregarse o divorciarse por completo del elemento del habla. […] Sin embargo, al mismo tiempo, todos y cada uno de estos signos ideológicos, si bien no son suplantables por las palabras, tienen en las palabras un soporte y son acompañados por ellas, al igual que ocurre con el canto y su acompañamiento musical.12

 

Como vemos en Vygotski, la palabra, como máxima expresión de un signo, no está limitada por aparatos o mecanismos biológicos. Más bien, da forma y realidad material a la conciencia humana; produce conciencia. Por tanto, comprendemos el estatus y la centralidad del lenguaje, la palabra y el signo en su obra, algo que falta en los enfoques idealistas y mecanicistas.

De esta manera, Vygotski y Bajtín-Voloshínov presentan una relación interconstitutiva entre trabajo, lenguaje y conciencia como clave para explicar la especificidad humana. Por eso, Vygotski insiste en que el hombre es fundamentalmente un ser históricocultural.

 

Consideraciones finales

La perspectiva histórico-cultural, propuesta por Vygotski y sus colaboradores, se adhirió a estudiar los más sofisticados procesos psicológicos propios de la especie humana: el lenguaje, la memoria, la emoción, entre otros. Asumieron el materialismo histórico y dialéctico como principio filosófico-metodológico para apalancar un proyecto teórico en busca de la superación de la vieja psicología.

En este capítulo nos hemos propuesto presentar la ruptura epistemológica que representó el pensamiento vygotskiano en su época, y que aún hoy resuena. Al exponer el proyecto científico del psicólogo bielorruso, defendemos que no puede desvincularse del materialismo dialéctico histórico, como ignoran algunos autores contemporáneos (ver Ratner y Silva en la Introducción de este libro).

Para rastrear el proyecto científico de Vygotski según las ideas marxistas, apelamos a la categoría trabajo. En la construcción de nuestro argumento, la obra de Lukács ha sido fundamental para establecer un vínculo entre autores, fortaleciendo la tesis de que la conciencia humana sólo puede ser comprendida a través de la producción material y simbólica que surge de la actividad humana en el dominio de la naturaleza.

Si Vygotski rompe con las visiones reduccionistas y mecanicistas de su época, proponiendo una psicología monista, dialéctica y materialista, se da porque logró –aún de manera inconclusa– desarrollar, teóricamente, el papel del signo en la formación del psiquismo. En otras palabras: lo que producimos y disputamos en el contexto interpersonal se convierte en algo que nos constituye individualmente. Su atención se centró en el proceso de significación que emerge de las relaciones sociales, dialécticas y contradictorias y marca el proceso dramático de constitución de la personalidad (Vygotsky, 1989).

Sin embargo, en nuestra opinión, las formulaciones presentadas por Vygotski, en torno a las cuestiones alrededor del papel central del signo, parecen cobrar más fuerza cuando se combinan con las ideas desarrolladas por Bajtín-Voloshínov. Hay aquí un encuentro teórico prometedor porque Bajtín-Voloshínov, apoyado también en las prerrogativas marxistas, defiende la dimensión ideológica del signo. Estamos de acuerdo con Bajtín-Voloshínov (2002, pp. 98-99) cuando afirma: “en realidad, nunca decimos ni escuchamos palabras, decimos y escuchamos lo que es verdadero o falso, bueno o malo, importante o no importante, agradable o desagradable, etc. Las palabras siempre están llenas de contenido y significado extraído del comportamiento o la ideología”.13

En estos términos, un signo no puede concebirse simplemente como una respuesta física a un estímulo externo, como sugiere la tradición epistémica de autores materialistas y mecanicistas; igualmente, no puede entenderse como algo inmaterial, como pretenden los idealistas. Como vemos desde Bajtín-Voloshínov y Vygotski, el signo es una producción humana, un hecho social-ideológico que depende de lo concreto, de la praxis de las relaciones sociales.

La psicología contemporánea no debe descuidar estos preceptos teóricos, porque nos permiten comprender que la conciencia humana no puede separarse de la historia que vivimos. Es la historia la que nos enseña lo que somos y lo que podemos ser.

 

Notas

1 Ver capítulo 13.

2 Aquí nos ocupamos exclusivamente del aspecto metodológico de la pregunta: ¿Puede haber una ciencia sobre dos tipos de seres fundamentalmente diferentes?

3 Cita de Marx, K. y Engels, F. (1970). La ideología alemana. Nueva York: International Publishers (trabajo original publicado en 1932): p. 48.

4 Ibid., p. 47.

5 Según Lukács, el habla es un reflejo, en la reproducción social, por lo que aparece como un mediador complejo esencial para su continuidad y, al mismo tiempo, es una mediación que potencia la naturaleza del hombre que ya no es muda. Se refiere al mutismo originario porque el habla está ausente del mundo natural, superado por el hombre.

6 Cita de Engels, F. (2007). Sobre el papel jugado por el trabajo en la transición del mono al hombre. En M. Lock y Judith Farquar (Eds.), Más allá del cuerpo propiamente dicho (págs. 25–29). Durham, Carolina del Norte: Duke University Press: pág. 27, énfasis añadido.

7 Cita de Vygotski, L. S. (1986). Pensamiento y lenguaje. Cambridge, MA: MIT Press: p. 256.

8 Cita de Vološinov, V. N. (1986). El marxismo y la filosofía del lenguaje, trad. L. Matejka e I. R. Titunik. Cambridge, MA: Prensa de la Universidad de Harvard: pág. 100, énfasis original.

9 Ibid., pp. 102–103, énfasis original.

10 Ibid., p. 12.

11 Ibid., p. 26, énfasis original.

12 Ibid., p. 15.

13 Ibid., p. 70.

 

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lunes, 17 de abril de 2023

Martins

 

 

Bases metodológicas marxistas en la obra de Vygotski

Lígia Márcia Martins

En: Vygotsky and Marx. Toward a Marxist Psychology. Eds. Carl Ratner and Daniele Nunes Henrique Silva. Oxon and New York: Routledge, 2017, pp. 109-117.

 

Correcciones al traductor de google: Efraín Aguilar

 

Este capítulo busca identificar la correlación visceral existente entre las condiciones de la teoría histórico-cultural –que tiene como principal exponente a Vygotski (1896-1934)  y el tapizado metodológico marxista; es decir, el método científico en el que Marx (1818-1883) basó su crítica de la economía política.

Con este trabajo, pretendemos avanzar en el desafío a la interpretación unilateral de la obra de Vygotski planteado por el movimiento internacional del idealismo, importado por Brasil desde la década de 1990, en el que busca separar la obra de Vygotski de sus raíces marxistas, reinterpretando efectivamente, reeditar y censurar lo escrito por Vygotski e intentar someter su teoría a los intereses neoliberales dominantes (Duarte, 2001). Asumimos, por tanto, un compromiso político por esclarecer las bases radicales del movimiento metodológico que ha construido la trayectoria adoptada por la psicología marxista, cuya supresión oculta los significativos avances que la teoría histórico-cultural ha traído al campo de estudio.

 

En busca de una ciencia psicológica marxista

Como punto de partida de nuestro empeño, nos enfocamos en el momento histórico en el que Vygotski se comprometió en la lucha por la construcción de una psicología legítimamente marxista, criticando simultáneamente la trayectoria tomada por la psicología rusa a partir de este punto. Según Vygotski, este último se limitó a enfoques mecanicistas e intentó formalizar estrictamente el vínculo entre psicología y marxismo sin cuestionar la filosofía de Marx de manera que permitiera la creación de una verdadera psicología científica; es decir, sin someter a la psicología a los supuestos que subyacen al método marxista. Era necesario, por tanto, identificar los elementos centrales del materialismo histórico y dialéctico que vendrían a orientar la epistemología y metodología de la psicología.

Así, el proceso de construcción de la psicología marxista no fue entendido por Vygotski  como una mera yuxtaposición de adjetivos y cita de fragmentos de la teoría marxista, mecánicamente conectados al concepto de psique; más bien, para este empeño, consideró fundamental someter las categorías fundadoras de la psicología tradicional al mismo proceso metodológico que utilizó Marx en el estudio de las categorías de la economía clásica. En el estudio de caso marxista de las categorías económicas de la sociedad burguesa, éstas se desarrollaron hasta que surgieron las contradicciones esenciales y se demostraron las interdependencias e interrelaciones, cuya configuración única fue capaz de conducir a una forma superior de modo de producción. Así, a través del estudio de las disposiciones categóricas que se ajustaban a su esencia, Marx distinguió la sociedad del capital de los precedentes de la organización social, revelando sus orígenes, sus leyes generales y su transitoriedad.

Respecto a este movimiento, en relación a la psicología, Vygotski afirma que debe escribir su propio Capital y que, como en el estudio marxista de la sociedad burguesa, esto implicaría desarrollar categorías psicológicas, teniendo en cuenta sus interdependencias y contradicciones fundamentales y llegando a identificar la esencia del proceso que permitió la formación, en un psiquismo único, de la conciencia humana. En este sentido, la psicología histórico-cultural encuentra en el desarrollo del funcionamiento psíquico humano superior, la prerrogativa fundante del psiquismo humano, distinguiéndolo del psiquismo animal y revelando los principios generales de su funcionalidad que permite al hombre hacerse inteligible y actuar encima de eso.

Por lo tanto, analizar un fenómeno a través de la lente de Marx presupone el dominio de la crítica radical, a través del cual la exposición de la sociedad burguesa reveló su dialéctica. La tarea psicológica histórico-cultural es, en este sentido, una simple aplicación mecánica de la teoría marxista a la comprensión de la psicología; más allá de eso, presupone que el estudio del psiquismo se somete al movimiento metodológico de desarrollo categorial propuesto por Marx. Para ello, es necesario comprender el proceso de deducción categórica descrito por el pensador alemán, enraizado en premisas metodológicas del materialismo histórico y dialéctico.

 

Materialismo histórico y dialéctico en las raíces de la psicología marxista

Según los fundamentos metodológicos del materialismo dialéctico histórico, la apropiación de la realidad tal como se manifiesta directamente no ofrece las condiciones necesarias para el análisis de sus leyes generales; tal enfoque sólo es capaz de llegar a los detalles específicos de la realidad a través de numerosas iteraciones en un proceso de síntesis que reconstruye progresivamente la realidad, a partir de sus determinaciones más simples, sin perder de vista su lógica interna contradictoria.

Siguiendo esto, la base de la psicología marxista construida por Vygotski es la suposición de que la realidad objetiva no puede ser aprendida por la conciencia humana como una copia mecánica, confiando completamente en el entorno del sujeto. La capacidad de los fundamentos metodológicos marxistas en Vygotski de dominar y captar la realidad es posible gracias a un sistema de procesos mentales, alcanzado, a su vez, por la actividad humana vital – el trabajo social – que actúa como mediador de las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza. De esta forma, el psiquismo humano está constituido por un sistema multifuncional compuesto por funciones psicológicas cognitivo-afectivas que sirven para crear una imagen subjetiva de la realidad objetiva; la medida en que esto se corresponda con la realidad dependerá de la trayectoria educativa y las posiciones sociales a lo largo del desarrollo del individuo (Martins, 2011).

Consecuente con esta idea de la realidad objetiva como facsímil, y en contraste con la exposición de la economía clásica, para Marx es el discernimiento abstracto de los elementos categóricos el responsable de la reproducción de lo concreto en sus múltiples determinaciones en el pensamiento; tener como punto de partida lo concreto tal como se presenta directamente implicaría un análisis basado en la representación caótica del todo. Así, la estructura arquitectónica de los niveles graduales de desarrollo conceptual construidos en El Capital parte de los más altos niveles de abstracción hacia la concreción multideterminada, obedeciendo al movimiento dialéctico de presentación progresiva de las categorías económicas que supera la linealidad lógico formal abordada en la economía clásica.

A la luz de ello, en su obra “El sentido histórico de la crisis de la psicología”, Vygotski (1999) señala la importancia de recuperar las premisas fundamentales del método marxista, que gravita en torno a identificar la configuración de la sociedad burguesa en una organización histórica más desarrollada y diversa de la producción; así, las categorías que componen su estructura permiten comprender las relaciones de producción de todas las organizaciones sociales precedentes “a partir de las ruinas y elementos con los que se construyó, llevando en sí restos en parte aún no conquistados, y parte de los cuales han desarrollado plena significación dentro de ella, etc.” (Marx, 2011, p. 58).

Por lo tanto, a pesar de presentarse como aparentemente antidilutivas, es decir, válidas para todos los tiempos, las categorías abstractas son “en la determinación de su propia abstracción, igualmente producto de relaciones históricas, y tienen su plena validez sólo para esas relaciones” ( Marx, 2011, p.58). En este sentido, si bien las categorías económicas tienen su esencia en la organización social previa, “en todas las formas de sociedades, son un producto determinado y sus correspondientes relaciones que establecen la posición y la influencia de otras producciones y sus respectivas relaciones” (Marx , 2011, pág. 59).

En consecuencia, Marx revela que si bien la sociedad capitalista se configura de acuerdo con las categorías económicas de formas anteriores de organización social, su análisis siempre enfatiza el dominio del modo de producción actual, que somete esas categorías previas a su propia funcionalidad particular. Por tanto, una comprensión de la sociedad burguesa no puede perder de vista su especificidad en la que el capital subyuga a otras relaciones categóricas.

Así, en su análisis relativo a la crisis de la psicología, Vygotski (1999, p. 206) recupera aquellas afirmaciones marxistas como “posibles caminos metodológicos” para el desarrollo de esta ciencia. De la misma manera que identifican la organización social burguesa como una forma superior de modo de producción, reconocen la conciencia humana como una forma psíquica superior; a pesar de las categorías correspondientes en otras formas de psiquismo animal, esta alcanza nuevas alturas en comparación con formas de psiquismo anteriores debido a su especificidad de dar saltos de acuerdo con leyes que son biológicas pero también, principalmente, histórico-sociales. Tal especificidad en el desarrollo de la psique humana se aclara en la siguiente cita:

 

podemos decir junto a Hegel que algo es lo que es, gracias a su cualidad y cuando [se pierde], ya no lo es porque el desarrollo de la conducta del animal al ser humano provocó una nueva cualidad. Esta es nuestra tesis principal. Este desarrollo no se limita a la simple complejidad de relaciones entre estímulos y reacciones que conocemos en psicología animal. Tampoco ha recorrido el camino cuantitativo y creciente de sus relaciones. Hay en su centro un salto dialéctico que modifica la calidad de su propia relación entre estímulo y reacción. Podríamos formular nuestra principal deducción diciendo que la conducta humana se distingue por la misma peculiaridad cualitativa -frente a la conducta animal que difiere del carácter de adaptación y desarrollo histórico del hombre, ya que el proceso de desarrollo de la psique humana es parte del proceso de desarrollo histórico de la humanidad. (Vygotsky, 1995, p. 62, énfasis añadido)

 

Es decir, así como la teoría marxista buscaba identificar las leyes funcionales de la organización social burguesa que caracterizan un modo de producción más desarrollado –superando la tendencia económica clásica de eliminar las diferencias históricas y eternizar la sociedad del capital–, la psicología marxista se comprometió a superar el modelo lineal y análisis ahistórico del psiquismo, identificando las especificidades y características de su expresión más desarrollada -la conciencia humana- y las leyes histórico-culturales que rigen su desarrollo.

 

El desarrollo histórico del psiquismo sometido al movimiento categórico marxista

Una vez delineados los fundamentos del camino metodológico tomado por la psicología marxista, es necesario profundizar en la comprensión del desarrollo categorial a partir de la lógica histórico-dialéctica en la obra de Marx. En este sentido, es necesario rescatar el doble carácter de la presentación de la teoría marxista; esto existe en la exposición y crítica simultáneas de la sociedad del capital, lo que proviene del hecho de que Marx buscó superar la articulación conceptual superficial desarrollada por los economistas clásicos con una nueva justificación metodológica. En este proceso, Marx reinventa y revierte, buscando identificar lazos conceptuales internos en articulación con la crítica en construcción.

En una carta a Lassale, Marx señala que su obra “es una Crítica de las categorías económicas o, si se prefiere, una exposición crítica del sistema de la economía burguesa” (Marx, 1984, p. 270); en esta afirmación ya nos muestra que la crítica que los marxistas delinearán al sistema económico burgués se sobrecargará de su propia exposición. Así, tenemos la articulación simultánea de dos procesos importantes: Marx desarrolla las categorías económicas clásicas, que exponen las propias limitaciones y contradicciones insolubles del sistema según su dinámica interna; a partir de ahí, reorganiza y resignifica sus conceptos fundamentales, desarrollando la crítica desde la exposición dialéctica. Por tanto, el método marxista de exponer categorías de la teoría económica clásica demuestra sus inconsistencias, lo que caracteriza su crítica y lo lleva a proponer una nueva comprensión de las leyes generales de la sociedad burguesa en su movimiento y transitoriedad.

El mismo proceso se puede observar en Vygotski. Así como la economía clásica se había acercado a las categorías centrales de la sociedad burguesa, la psicología tradicional abordó sus fenómenos de manera atomizada y desarticulada hasta ese momento histórico. En consecuencia, Vygotski expone las insuficiencias metodológicas de la psicología tradicional, demostrando las limitaciones de sus dicotomías, sus fragmentaciones y sus intentos ahistóricos de comprender la psique, lo que le lleva a reorganizar y resignificar conceptos fundamentales de esta ciencia.

Por lo tanto, la exposición crítica elaborada por Vygotski se transformó en una nueva propuesta para el estudio de la psique, que la concibe como transversal y para ser examinada en su totalidad. Para Vygotski (2000, p. 8), la psicología que pretende estudiar las unidades complejas… debe pasar del método de descomponerlo en elementos a un método de análisis que lo desmembra en unidades. Es de suma importancia encontrar aquellas propiedades que no se descomponen y sí prevalecen, que son inherentes a una totalidad dada como una unidad, y descubrir las unidades en las que esas propiedades se representan en un aspecto opuesto para intentar, a través de este análisis, resolver las cuestiones que se presentan.

Es posible identificar en la cita anterior la correspondencia visceral con el método marxista en la búsqueda de Vygotski de una unidad de análisis para la psicología. Permanecer en la superficie aparente de las categorías económicas clásicas conduce a conclusiones erróneas sobre la funcionalidad de la burguesía, ya que según los principios de su investigación, Marx pretende encontrar las determinaciones específicas del "capital general" y comprender las tendencias internas de esta esfera abstracta. Para ello, El Capital comienza afirmando, “la riqueza de las sociedades en las que prevalece el modo de producción capitalista aparece como una inmensa acumulación de mercancías y las mercancías individuales como su forma elemental” (Marx, 1995, p. 27).

En consecuencia, el autor identifica dentro de la mercancía del producto del trabajo la capacidad de crecimiento de la economía burguesa, anunciándola como punto de partida de su exposición. Este punto de partida sólo se justifica por el hecho de que la investigación de Marx está social e históricamente fundada y dirigida; todos los pasos dados por él se sustentan en la prerrogativa de que el camino de la economía burguesa está condicionado a un determinado modo de producción y a una determinada forma histórica de riqueza, escapando a un carácter estático y naturalista del pensamiento burgués en el que las relaciones categoriales aparecen de manera externa, fragmentadas y, en consecuencia, limitadas a sus manifestaciones aparentes. En El Capital, son las contradicciones lógico-históricas inherentes a esta forma elemental y fundamental de representación de la sociedad capitalista -la mercancía- las que delinean el desarrollo categorial marxista que nos ayudará a comprender las leyes generales de funcionamiento de esta 'inmensa colección de mercancías' en su esencia.

Al explicar los elementos científicos y metodológicos que subyacen en la elección del camino antes referido, Marx asegura que las ciencias económicas “no pueden servir al microscopio ni a los reactivos químicos. La facultad de abstracción debe sustituir a ambos” (Marx, 1995, p. 6). Por tanto, siendo la abstracción la herramienta con la que se ha de analizar la forma celular de la economía, para comprender el modo de producción capitalista y su correspondiente producción y circulación, es necesario observar desde las categorías más profundamente, “en condiciones que aseguren el puro tránsito del proceso” (Marx, 1995, p. 6). Así, Marx busca en la célula de la sociedad burguesa -la forma de la mercancía- la construcción de otras modas económicas, una vez que la unidad mínima de análisis contiene todas las tendencias civilizatorias del fenómeno investigado.

La psicología marxista sigue estos pasos metodológicos al investigar una determinada forma histórica y social de la psique y, por lo tanto, identificar la célula que constituye los procesos psicológicos elementales y representativos de la psique humana. Según Vygotski (2000), esta unidad mínima de análisis se encuentra en el significado de la palabra, que contiene la síntesis de todo el tapizado del proceso de desarrollo consciente.

 

el significado es una parte inalienable de la palabra como tal, y por lo tanto pertenece al dominio del lenguaje tanto como al dominio del pensamiento. Sin significado, la palabra no es una palabra, sino un sonido vacío. Separado del significado, ya no pertenece al dominio del lenguaje. Por eso el significado puede ser visto igualmente como un fenómeno del lenguaje y del pensamiento. No podemos hablar del significado de la palabra tomada por separado. Es a la vez lenguaje y pensamiento porque es una unidad del pensamiento verbalizado. (Vygotsky, 2000, p. 10)

 

Según Martins (2011), Vygotski deja claro que el desarrollo del funcionamiento psicológico superior se basa en un sistema dinámico que supone un movimiento constante y la reconstrucción de funciones cruzadas. Este movimiento está habilitado por el uso de signos que:

 

operan transformaciones que exceden el ámbito específico de cada función. El trabajo referido no se complejiza de manera privada y por lo tanto no provoca solo transformaciones interfuncionales – no se trata de la conversión, por ejemplo, de la memoria natural a la memoria lógica, de la atención natural a la atención voluntaria, de la inteligencia práctica a la abstracta pensar, etc. Las transformaciones específicas de cada función determinan modificaciones en el conjunto de funciones en las que intervienen; es decir, la psique como un todo. (Martins, 2011, p. 58, traducción del autor)

 

Así, las transformaciones alcanzadas a lo largo del desarrollo del psiquismo no se dan en cada función psicológica de manera aislada, sino en las relaciones y funciones cruzadas que articulan nuevas composiciones a medida que alcanzan nuevos niveles de desarrollo.

Una vez más, la psicología histórico-cultural demuestra su intrínseca correlación con el materialismo histórico y dialéctico ya que, al igual que en el estudio de Marx sobre las categorías económicas de la sociedad burguesa, Vygotski identifica que el estudio de cada función psicológica, desde su forma más simple de expresión, cuando se desarrolla hasta su contradicciones fundamentales, resulta en otras funciones y encuentra en ellas su pleno desarrollo y, del mismo modo, ninguna de ellas puede ser comprendida en su esencialidad sin la comprensión de las que les han precedido.

Esta misma trayectoria es delineada por Marx en su crítica a la economía clásica. A partir de la unidad mínima de análisis de la sociedad burguesa -la mercancía- Marx demuestra esta misma correlación visceral entre cada categoría económica, cuando se subdivide en su esencialidad. Por ejemplo, mediante una deducción categórica que obedece a la estructuración interior de la sociedad burguesa, las contradicciones internas de la categoría “mercancías” se subdividen en “valor”, que presupone el “dinero” y deriva en el “capital”.

A través de esta exposición metodológica, el análisis marxista fue el único enfoque capaz de investigar y desentrañar estas relaciones de interdependencias y cambios entre las categorías económicas, nunca antes reveladas, identificando a partir de ellas las leyes internas del movimiento fundamental del proceso productivo capitalista.

De acuerdo con este enfoque, Vygotski ancla su estudio de la historia del desarrollo de los procesos funcionales superiores en las ideas marxistas, desarrollando las categorías psicológicas hasta revelar sus vínculos internos para conocer las leyes generales que las fundamentan. Por ello, es pionero en la comprensión de la interdependencia existente entre los niveles social y psicológico, logrando lo que denominó la “ley genética general del desarrollo cultural”.

De acuerdo con esta ley, cualquier función en el desarrollo cultural del niño aparece en dos niveles: principalmente en el nivel social (categoría interpsicológica), luego en el nivel psicológico dentro del niño (categoría intrapsicológica; Vygotsky, 1995). Por lo tanto, los estudios de Vygotski sobre la psique humana realizados por el materialismo histórico y dialéctico pusieron en términos de ciencia psicológica lo que ya había sido señalado por Marx en la sexta tesis sobre Feuerbach; es decir, la esencia humana no es algo abstracto, interior a cada individuo aislado. Es, en su propia realidad, el conjunto de relaciones sociales (Marx y Engels, 1984).

Manteniendo la misma filiación metodológica a las premisas marxistas, Vygotski  (2001) también se dedicó al estudio del proceso psicológico implicado en la construcción del conocimiento. Los signos lingüísticos aportan complejidad a la aprehensión de lo real en sus relaciones internas, abstractas. Este proceso intelectual posibilita la formación de generalizaciones y operaciones lógicas de razonamiento, tales como: análisis/síntesis, comparación, generalización y abstracción.

El pensamiento complejo debe ayudar al pensamiento efectivamente abstraído y esta tarea se supedita, necesariamente, a la interiorización de los signos de la cultura, a la apropiación de productos del trabajo abstracto de recodificación de la realidad concreta realizado por los individuos a lo largo de la historia. Se trata de una necesidad irrevocable de abstracciones, de teorías, de captación de lo real en su apariencia para dar lugar a su aprehensión esencial. Sólo por medio del pensamiento teórico, conceptual, el objeto de la conciencia puede ser representado en su concreción como una síntesis de múltiples relaciones y varias determinaciones.

 

Consideraciones finales

El desarrollo de la psicología marxista por parte de Vygotski no consiste en la búsqueda de una teoría dirigida a la comprensión del psiquismo humano en las obras de Marx ya que, para la teoría marxista, el objeto de estudio es en última instancia la sociedad capitalista. Por tanto, la identificación de los fundamentos metodológicos marxistas de la psicología histórico-cultural no debe limitarse a la búsqueda de citas en la obra del autor o en relaciones meramente descriptivas y yuxtaposiciones entre conceptos.

Más allá de eso, argumentamos que la constatación de los fundamentos marxistas de esta psicología depende del análisis estricto del movimiento metodológico que sustenta sus presupuestos. En este sentido, nuestro objetivo en el presente capítulo es demostrar que, del mismo modo que Marx adoptó el materialismo histórico y dialéctico para realizar su crítica radical de la sociedad capitalista y descubrir sus leyes generales de funcionamiento, Vygotski buscó el camino marxista para encontrar una ley análoga que debería ser seguida por la psicología marxista en la investigación de la psique humana, resultando en el esbozo de los fundamentos metodológicos específicos de la psicología marxista.

En resumen, en este esfuerzo, vemos que Vygotski estudia la psique humana bajo la égida de las leyes socio-históricas del desarrollo. Encuentra la unidad mínima de la vida psíquica en el significado de las palabras una vez sintetizado el carácter social de la formación de la conciencia; desplegando procesos psíquicos en su esencia, incauta sus interdependencias y reorganización estructural en el curso de su desarrollo.

Por tanto, la aplicación de los principios metodológicos marxistas revolucionó el estudio de la conciencia humana al demostrar su especificidad en una forma superior de conciencia. En este proceso superó las concepciones dualistas y fragmentarias que atomizaban su desarrollo y, en consecuencia, perdió la visión compleja de los principios generales que lo conducen. En conclusión, tomar la conciencia como objeto de estudio histórico y dialéctico ha resultado en la superación de los límites de la linealidad lógico-formal hacia la construcción de una ciencia capaz de comprender el movimiento dialéctico sintetizado en el ser humano histórico.

 

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