Este blog busca difundir algunas fuentes de la obra vygotskiana publicada en español, así como traducir algunos artículos editados en revistas y libros o bajados de la red; todo relacionado con Vygotski.
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domingo, 19 de julio de 2015

Machado, Facci y Barroco


TEORÍA DE LAS EMOCIONES EN VYGOTSKI
Letícia Vier Machado, Marilda Gonçalves Dias Facci, Sonia Mari Shima Barroco
En: Psicologia em Estudo, Maringá, v. 16, n. 4, p. 647-657, out./dez. 2011

Traducción: Efraín Aguilar

La psicología de Liev Semiónovich Vygotski viene progresivamente ganando visibilidad en el contemporáneo escenario científico. En Brasil, eso puede ser comprobado por el número creciente de publicaciones en revistas científicas, como también por medio del registro de grupos de investigación en el Directorio de Pesquisas del CNPq. La vasta e intensa producción del autor y la dificultad de acceso a ella - tomada aquí como fuente primaria en la lengua de origen, el ruso – y las diferentes traducciones e interpretaciones de la obra no agotarían el estudio acerca de los diversos temas abordados por el autor. En esas producciones Vygotski da lugar al problema del desarrollo ontogenético, de la triangulación biológico-histórico-cultural y de la cuestión pensamiento-lenguaje, además de temas que subyacen a esos temas centrales, como la constitución y el desarrollo de las funciones psicológicas superiores, como imaginación, memoria, atención, abstracción y emoción. Aunque el tema de la emoción ha impregnado toda la producción del autor, desde sus primeros trabajos de cuño no psicológico y la redacción de Psicología del Arte (Vigotski, 2001) en la cual el autor analiza el fenómeno de la emoción estética provocada ante una obra de arte, hay pocas evidencias de estudios sobre las emociones en Vygotski.

Se nota que no es común en los cursos de graduación en psicología que esta obra sea reunida en las referencias como bibliografía de disciplinas que abordan los fundamentos de la psicología. De la misma forma, tampoco ha sido recurrente que ese tema o esa producción vygotskiana específica reciban la atención que merecen dentro del propósito de  explicarse la formación social de la mente. Sobre aquellos autores que analizaron el tema de las emociones en Vygotski, se registra que ensayaron una aproximación a otros teóricos, como Jean-Paul Sartre (Maheirie & Diogo, 2007), Norbert Elias (Oliveira, 2009) Sigmund Freud (Magiolino & Smolka, 2010) y Gilles Deleuze (Mostafa, 2008), para citar algunos. Así podemos considerar que, aunque los autores traigan subsidios para estudiar el tema, todavía es necesario un análisis detenido de la obra Teoría de las emociones, de Vygotski, un análisis que tome en cuenta que esa obra tiene como guía la base materialista generalmente adoptada por el autor en sus elaboraciones.

En este sentido nos gustaría contribuir al estudio de este tema. Nuestro objetivo, en este artículo, es presentar datos de un estudio de la emoción basado en la obra de Vygotski realizado en los años 2009-2010, teniendo como obra central la Teoría de las emociones (Vygotsky, 1998; Vigotsky, 2004). Ello requiere que no solo nos refiramos a sus escritos, sino que destaquemos la importancia de autores contemporáneos suyos o de siglos anteriores, para comprender sus bases filosóficas y su aprehensión de aquello que la psicología ya había producido acerca del tema elegido, así como de sus oposiciones.

En un primer momento, abordaremos dos conferencias de Vygotski que dirigieron el tema de su estudio posterior sobre la emoción, a fin de elucidar la concepción de emoción que ya subyacía a sus escritos. En seguida profundizaremos en el estudio de la Teoría de las emociones, para rescatar sus bases filosóficas y la dialéctica de los factores biológicos y culturales en el desarrollo emocional.

EL CAMINO DE VYGOTSKI POR LAS EMOCIONES

En busca realizada con la base de datos Scielo (Scientific Eletronic Library Online), el 26 de marzo de 2010, con los descriptores emoción, educación y psicología, fue hallado un total de 43 producciones científicas, y de este total, dos artículos discurrían sobre la emoción en Vygotski. Como posibles causas de la insuficiencia de estudios en ese ámbito, (González Rey, 2000) estarían el desarrollo de la psicología cognitiva en los años 1950, las influencias de la lingüística y de la semiótica en la psicología de la postguerra, que conducirán las emociones a un epifenómeno en medio de los demás fenómenos psicológicos, como el lenguaje y el pensamiento, y la ausencia de un marco teórico sólido para la construcción de un conocimiento científico del tema.

No obstante Vygotski escribió Teoría de las emociones (Vigotsky, 2004) entre 1931 y 1933, época anterior al año de su fallecimiento, y al haber dejado la obra incompleta, ampliando las posibilidades de interpretación ambigua o errónea del contenido por él ilustrado, sus estudios dejaron contribuciones al tema. El libro tuvo su primera publicación en Rusia tardíamente, en 1984 (Zavialoff, 1998). En un diálogo con el filósofo holandés Baruch de Espinosa, del siglo XVII, en oposición al filósofo René Descartes, el autor procura demostrar que las psicologías de su contexto, que se decían espinosistas en sus teorías de las emociones, eran, fundamentalmente, cartesianas y dualistas.

En Psicología del Arte (Vigotski, 2001) el autor anticipa algunas de las consideraciones sobre la emoción que serían desarrolladas ocho años más tarde, en Teoría de las emociones. Sobre esas consideraciones, Toassa (2009, p. 99) resalta que Vygotski

(...) niega las teorías que reducen el arte a la sensación o a la emoción común. Admite, además la existencia de emociones desencadenadas por hechos que no dependen meramente del estímulo perceptual –difiriendo, en este punto, de las emociones animales. Tenemos, ahí, un antecedente histórico para su dura crítica a las psicologías que adoptaban el binomio estímulo-reacción como paradigma de investigación de la psicología humana.

Vygotski se refería a aquellas psicologías cuyas teorías de las emociones se basaban en el dualismo cartesiano, marco de la filosofía del siglo XVI. Esas psicologías, entre ellas la psicología de Carl Lange (1834-1900), se suponían herederas del monismo de Baruch [Benedicto] Espinosa (1632-1677), lo que servirá como instigador en la tarea que Vygotski emprendió para elucidar las verdaderas bases filosóficas sobre las cuales se erigirán las teorías de las emociones de su tiempo.

En la década de 1930 Vygotski emprende la redacción de dos conferencias que abordan o dirigen el tema de las emociones en su sistema de pensamiento: La imaginación y su desarrollo en la infancia y Las emociones y su desarrollo en el niño, esta última publicada por primera vez en 1932 (Clot, 1997).

En La imaginación y su desarrollo en la infancia (Vigotski, 1998) el autor hace una breve explicación de cómo la imaginación es abordada en la psicología de Sigmund Freud (1856-1939), de Jean Piaget (1896-1980) y de otros autores. Para Vygotski, en la vieja psicología, o sea, en la psicología tradicional de su época, que ora privilegiaba estudios sobre el comportamiento, ora destacaba la consciencia (ésta, no es raro, estaba estrechamente vinculada a la fisiología); la imaginación era reducida a otras funciones psicológicas, subdividiéndose en imaginación reproductora, como análoga a la memoria, e imaginación creadora. Haciendo frente a ese modo de concebir la imaginación – característica propiamente humana –, el autor la aborda sobre esas dos formas, pero no solo describiéndolas, sino elaborando una explicación que pone aspectos biológicos e histórico-culturales en intrínseca relación.

El proceso creativo, a su vez, era entendido solo como asociación de elementos pre existentes que se combinaban en un número de posibilidades finitas, como se observa en Wundt y en psicólogos de la época, que “consideraban que la fantasía del hombre está limitada, en principio, por la cantidad de imágenes obtenidas por asociación y que ninguna nueva conexión no vivida entre los elementos se puede sumar al proceso de la actividad de la imaginación” (Vigotski, 1998, p. 111).

Esa concepción asociacionista de la imaginación no abre posibilidades de creación más allá de lo que pre existe en el psiquismo, o sea, más allá de la casualidad. Añade que, así como ocurre con la emoción en la psicología - que, de acuerdo con Vygotski (1998), fue un proceso psicológico poco estudiado y clasificado como epifenómeno, es decir, un fenómeno psicológico secundario – ocurre también con la imaginación, sobre todo en lo que dice respecto a la imaginación creativa. El autor enuncia la importancia de la imaginación creativa para la historia de la psicología, como hará con las emociones en Teoría de las emociones, enalteciendo la importancia de ese fenómeno para la división de las corrientes filosóficas y psicológicas en psicología causal o explicativa (punto de vista atomista) y psicología descriptiva (intuitiva).

Para Vygotski (1998, p. 113), ambas corrientes resolverán la cuestión de la imaginación de manera metafísica: “(...) al tomar como original la actividad reproductora de la consciencia, cerraban el camino para explicar cómo surge la actividad creativa en el proceso del desarrollo”. En contrapartida, la concepción vygotskiana de la imaginación creativa difiere de esas psicologías, pues Vygotski concibe el desarrollo de la imaginación y su capacidad de conexiones dispares como no casuales y sujetas a las condiciones histórico-sociales, como veremos en el curso del texto.

La experiencia de la imaginación concebida por Vygotski (1998) es un pensamiento que al mismo tiempo se aparta de la realidad inmediata y se orienta a ella, una vez que se acopla con aspectos emocionales. En este sentido, la emoción desempeña el papel de mediadora, que conecta realidad inmediata e imaginación, y no es solo la imaginación que es rica en momentos emocionales, sino también lo es el pensamiento realista:

Si tomamos el pensamiento realista de un revolucionario, que refleja una complicada situación política o la estudia, que penetra en ella, en suma, si tomamos el pensamiento orientado a la resolución de una tarea de importancia vital para el individuo, veremos que las emociones relacionadas con tal pensamiento realista son, con mucha frecuencia, inconmensurablemente más profundas, más fuertes, más móviles y más significativas en el sistema del pensamiento que las emociones relacionadas con las visiones. Lo importante aquí es otro procedimiento de unión de los procesos emocionales con el pensamiento [cursivas nuestras] (Vigotski, 1998, p. 126).

Se anticipa aquí la posición teórica de Vygotski que será adoptada en Teoría de las emociones, en lo que dice respecto a la relación entre cognición y afecto, dos esferas no sobrepuestas, pero interdependientes del psiquismo humano. Las emociones, en Vygotski, y específicamente en esa conferencia, aparecen costurando otros fenómenos psicológicos, como la imaginación y el pensamiento, mas no como epifenómenos o fenómenos auxiliares: asumen un papel  activo, que desencadena acciones y no solamente son desencadenadas por ellas. Se eliminan, así, las contradicciones entre lo interno y lo externo y entre imaginación y pensamiento realista, para crear vínculos entre esas dos realidades emocionalmente experimentadas.

En suma, la conferencia sobre la imaginación es también una redacción sobre la emoción, en la medida que ambas funciones son clasificadas como superiores, culturalizadas, y asumen papeles semejantes en la historia de la psicología: fueron relegadas  a la condición de epifenómenos, al mismo tiempo en que la manera como fueron estudiadas por la psicología demarca la escisión de las corrientes psicológicas en psicología causal y psicología descriptiva. Uno de los puntos que Vygotski procuró destacar en ese texto fue la participación activa de la vida emocional en la esfera cognitiva del pensamiento y en el movimiento creador, que es la imaginación.

En la conferencia siguiente, intitulada Las emociones y su desarrollo en el niño, Vygotski (1997) teje algunas críticas a las concepciones tradicionales de la emoción en la psicología y anticipa algunas ideas desarrolladas en Teoría de las emociones. Inicia su exposición afirmando el predominio del naturalismo en la doctrina de las emociones, lo cual es comparado a los demás dominios de la psicología.

Ese naturalismo del cual habla el autor cubre desde la concepción darwiniana de las emociones hasta el conductismo de su época. De acuerdo con la teoría del evolucionista Charles Darwin (1809-1882), hay un vínculo entre las emociones humanas y las reacciones animales instintivas, y los sentimientos humanos son de origen biológico-animal, inclusive aquellos relacionados a las pasiones terrenas, al cuerpo, al egoísmo (Vigotski, 1997). Esa teoría influenció a los psicólogos del contexto de Vygotski, dando origen a teorías psicológicas que llenan los manuales soviéticos de psicología, resaltando el carácter instintivo de las emociones.

Este fue el destino de la psicología inglesa, la teoría del darwiniano Herbert Spencer (1820-1903), así como del psicólogo francés Théodule Ribot (1823-1891) y de la psicología alemana de orientación biológica, la cual, a despecho de las idiosincrasias de cada una, contenía una base naturalista-darwiniana de las emociones (Vigotsky, 1997). La concepción de la emoción común a esas teorías apuntaba al hecho de que las emociones humanas eran vestigios de las reacciones animales instintivas, debilitadas en su expresión y en su desarrollo.

Se trata, pues, de una especie de involución del desarrollo emocional humano. De acuerdo con Vygotski (1997, p. 125),1 “(...) la curva del desarrollo de las emociones es descendente (...), con el progreso del desarrollo las emociones se retiraron a segundo plano (...), el hombre del futuro es un hombre desprovisto de emociones”. Con eso, Vygotski (1997) destaca la imposibilidad de estudiar las particularidades de las emociones exclusivamente humanas, una vez que el avance del psiquismo implicaba en ello el retiro de la parcela emocional de la vida psíquica. Los protagonistas de esa concepción de la emoción como debida a reacciones orgánicas, a los cuales Vygotski dedica parte de su estudio en Teoría de las Emociones, eran el fisiólogo Carl Lange y el psicólogo William James (1842-1910).

1 Las traducciones del español al portugués y del francés al portugués son responsabilidad de las autoras.

Las críticas vygotskianas a James-Lange afirman que esos autores consideran las emociones como una parte aislada del psiquismo, ya que las consideraban como procesos de  naturaleza totalmente distinta y peculiar, separándolas, así, tanto del pensamiento como de la consciencia (Vigotsky, 1997). Están puestas así las condiciones para el retorno al dualismo cartesiano mente-cuerpo, cognición-afecto. Esa teoría imposibilita concebir un  desarrollo emocional o la aparición de nuevas emociones, una vez que, para William James, las emociones estaban asociadas a los órganos internos, poco o nada variables en el curso del desarrollo humano. En palabras del autor, “(...) la teoría de James y Lange cerraba todas las puertas, más herméticamente que todos los precedentes, a la cuestión del desarrollo de la vía emocional” (Vigotsky, 1997, p. 131).

Avanzando un poco en el desarrollo de las teorías de las emociones de ese período, Vygotsky (1997) discurre sobre las contribuciones del fisiólogo Walter Cannon, que, en la década de 1920, por medio de sus pesquisas en laboratorios con animales, refutó la existencia de una correspondencia unívoca entre emoción y expresión corporal, lo que indica que, para Cannon, la emoción transciende su expresión fisiológica, considerando que emociones tan distintas, como miedo y alegría, pueden resultar en una misma expresión.

Otra contribución de Cannon, de acuerdo con Vygotski (1997), fue reconectar las emociones al cerebro, pues en James-Lange las emociones estaban ligadas a los órganos internos y a la periferia del cuerpo. Para Cannon, la vida emocional dependía del centro cerebral, sin embargo para Vygotski (1997), la limitación de Cannon consistía en seguir la teoría de James cuando consideró las emociones como epifenómenos, reflejos en la consciencia de alteraciones en el organismo. Para Vygotski, las emociones son funciones psicológicas superiores, por tanto, culturalizadas y posibles de desarrollo, transformación o nuevas apariciones. Además de eso, la concepción vygotskiana de la emoción coloca ese proceso psicológico en estrecha relación con otros del psiquismo humano.

Vygotsky (1997) además menciona las contribuciones de Sigmund Freud al estudio de las emociones. No obstante haber permanecido un naturalista, Freud, por medio del análisis de las psicopatologías, elucidó que la naturaleza psicológica no podría ser comprendida solo por sus mecanismos causales y fisiológicos. Además de introducir la concepción de  desarrollo emocional, mostró que las emociones son diferentes en los niños y adultos.

Vygotski llegó a la siguiente conclusión:

Las dos líneas que traté examinar en el curso de esa conferencia son, por un lado, las pesquisas anatómicas y fisiológicas que desplazaron el centro de la vida emocional de mecanismos fuera del cerebro hacia un mecanismo cerebral, y, por otro, las pesquisas psicológicas que movían las emociones del segundo plano del psiquismo humano al primer plano, retirándolas de su aislamiento (...) para insertarlas en la estructura de todos los otros procesos psíquicos (Vigotsky, 1997, p. 149).

Como veremos en el próximo ítem, el autor ruso busca ir más allá de estas concepciones, entendiendo las emociones como formadas a partir de condiciones histórico-sociales, por tanto, aprendidas en determinado contexto.

LA OBRA TEORÍA DE LAS EMOCIONES

Entre 1931 y 1933 Vygotski escribió lo que iba a ser, posteriormente, el libro Teoría de las emociones. En el período en que el autor escribió esa obra, los manuales soviéticos de psicología, en lo que se refiere al tema de las emociones, todavía estaban guiados por la reflejología de Pávlov y en las “(...) relaciones entre el reflejo condicionado y el comportamiento consciente del hombre” (Zavialoff, 1998, p. 05), o basados en el naturalismo heredero de la perspectiva evolucionista de Charles Darwin.

En una busca de producciones soviéticas de ese período que abordasen el tema de las  emociones, encontramos un capítulo de A. A. Smírnov titulado Las emociones y los sentimientos (Smirnov et al., 1969), que coincide con muchas de las ideas de Vygotski sobre el tema. En este, el autor procura elucidar sus argumentos acerca de la visión central de que las emociones y los sentimientos son sociales, históricos y determinados por las relaciones sociales entre los hombres, por clases sociales y por exigencias sociales. Antes de dar continuidad al análisis de la Teoría de las emociones vamos a discutir sobre la diferencia entre sentimiento y emoción.

Para Smírnov (1969), las emociones y los sentimientos se desarrollan y se modifican, son constitutivos de la personalidad y permeados por vivencias y por la historia. El hombre debería ser educado para los sentimientos, para desarrollar una posición ante la realidad y construir nuevas formas de actuar en ella, nuevos sentimientos y una nueva moral: la moral del hombre soviético, el sentimiento de la colectividad y la valoración del trabajo.

De acuerdo con la Teoría Histórico-Cultural, el hombre actúa en la realidad y también reacciona a ella. Para Smírnov (1969), la manera de reaccionar del hombre ante las cosas, los acontecimientos y las personas es definida por emociones y sentimientos. Estos consisten, así, en una actitud subjetiva de sentir del hombre que se origina a partir de la realidad objetiva, de las relaciones establecidas en la realidad objetiva con otros hombres. Las emociones y los sentimientos son, al mismo tiempo, subjetivos para aquél que siente y objetivos en su génesis. El autor aclara que no todo en la realidad objetiva provoca una reacción, mas solo aquello que corresponde a una necesidad o motivo de la actividad del sujeto, que actúa sobre él. De  acuerdo con el significado de los objetos que motivan al sujeto, los cuales dependen de los fenómenos y de las actividades que este desarrolla para cumplir las exigencias sociales a las cuales debe responder, se tiene la variación de intensidad de las emociones y de los sentimientos (Smirnov, 1969).

La diferencia entre emociones y sentimientos, para Smirnov (1969), se da a partir de la siguiente declaración: las emociones corresponden más a la satisfacción de necesidades orgánicas, relacionadas con las sensaciones, mientras los sentimientos corresponden a necesidades culturales y espirituales, las cuales aparecerán durante el desarrollo histórico de la humanidad. Los sentimientos dependen de las condiciones de vida del hombre, de sus relaciones y necesidades, pero el carácter social no es exclusivo de ellas, pues el autor considera que las emociones, más que asociadas a fenómenos orgánicos, son siempre e inevitablemente reacciones de un ser social, ligadas a las exigencias sociales de cada período histórico de la humanidad.

Para Vygotski, la historicidad es también una de las cualidades de las funciones superiores de la emoción y del sentimiento. Además, la historicidad presupone el desarrollo emocional, una vez que la historia camina con el desarrollo de la humanidad y, con eso, se modifican los significados y sentidos de los sentimientos y emociones: “Aquello que en una época histórica provocaba sentimientos especiales en los miembros de una clase social determinada, puede provocar sentimientos opuestos en los miembros de otra clase social y en otra época histórica” (Smirnov, 1969, p. 359).

Además de su carácter histórico, las emociones y los sentimientos también dependen de la manera de vivir de la sociedad, de la clase social a que el individuo pertenece y de su educación. Conforme a Smírnov (1969, p. 364), “En los diferentes medios sociales los sentimientos se manifiestan de manera distinta”. La manera como la sociedad se organiza da origen también a los sentimientos morales, a las normas y a los sentimientos estéticos de sus hombres, que dependen también de las relaciones establecidas durante el desarrollo emocional del niño, el cual, en mayor o menor grado, enriquecerá sus experiencias emocionales.

Hecha esa distinción entre emoción y sentimiento, daremos continuidad al estudio de las emociones en la obra vygotskiana. Escrito por Nicolas Zavialoff, el prefacio de la edición francesa de Teoría de las emociones hace una aproximación de Vygotski con Bajtín por medio de la semiótica, del lenguaje y de los signos, y a partir de esa relación aborda el tema de las emociones. A pesar de caracterizar a Vygotski como un interacionista,2 concepción que diverge de la orientación de la investigación, Zavialoff (1998), el redactor del prefacio hace una coherente introducción a la Teoría de las emociones.

2 De acuerdo con Tuleski (2008, p. 51), “Vygotski nunca se denominó interaccionista o sociointeraccionista”, como lo clasifican autores contemporáneos que se apropian de su teoría de manera tergiversada. La misma autora también subraya que las relaciones sociales a las que Vygotski se refería eran aquellas relaciones sociales de producción, como acuñó Karl Marx, y que en la concepción interaccionista se transforman en meras “interacciones sociales, lo que, frecuentemente, adquiere la connotación de relaciones interpersonales o grupales” (Tuleski, 2008, p. 51).

Para Zavialoff (1998), el cuestionamiento que hacía Vygotski en el estudio de las emociones se refería a la relación entre sentimiento y conocimiento, entre la esfera afectiva y cognitiva en el psiquismo humano. Para el autor, separar esas dos esferas es uno de los mayores defectos de la psicología tradicional: “El pensamiento entonces se transforma inevitablemente en una corriente autónoma de ideas que se piensan a sí mismas, es separado de toda la plenitud de la vida real, de los impulsos, de los intereses, tendencias reales del hombre que piensa” (Zavialoff, 1998, p. 6).

Zavialoff (1998) procura demostrar cómo Vygotski efectuó la complementariedad entre lo biológico y lo social en los sentimientos: sin excluir las reacciones instintivas, pero también sin reducirlos a ellas, no privilegiando ninguno de los polos, el social o el biológico; mas si una emoción se expresa por un signo (palabra, gesto), ella perdura en la interactividad lingüística, en un plano intersubjetivo – por tanto, social. El autor del prefacio aclara el papel del lenguaje como organizador de emociones y medio para expresarlas, como conector de los planos fisiológico y psicológico. Para él, la necesidad de Vygotski de abordar el tema de las emociones surge a partir de sus estudios sobre el pensamiento y el lenguaje ya que las concepciones de lenguaje y emoción están imbricadas por el colorido emocional que  acompaña a cada palabra, situado en el tiempo y en la historia.

En cuanto función psicológica superior, las emociones son tratadas como procesos mutables, como sistemas abiertos que están “(...) al servicio de una transformación no solamente del mundo, sino también del sujeto, de acuerdo con ciertas estrategias cognitivas y emocionales específicas” (Zavialoff, 1998, p. 24). El mismo carácter biológico de las emociones no es permanente, pues se concibe el sistema nervioso como en constante formación y transformación. Vygotski apuesta a las relaciones complejas entre lo cognitivo y lo emotivo, conectadas a la cuestión del aprendizaje, que está directamente imbricado con las normas y los valores culturales; o sea, la manifestación fisiológica de las emociones también está determinada socialmente. Para ilustrar esto, Vygotsky (2004) da el ejemplo de la visión de una serpiente en medio del camino, que puede provocar reacciones de fuga, si la serpiente es asociada culturalmente con el peligro, como ocurre en gran parte de occidente, o no, como es el caso de algunas culturas orientales. El carácter social del sentimiento, a su vez, está ligado a su cualidad de signo intersubjetivo, interiorizado y transformado en signo intrasubjetivo (Zavialoff, 1998).

Según Zavialoff (1998), en Teoría de las emociones, la preocupación de Vygotski con el análisis minucioso de las teorías neurobiológicas de las emociones se debe, en parte, a una preocupación científica que evitaría caer en un determinismo o reduccionismo social. El redactor del prefacio además destaca que la concepción vygotskiana innova respecto a las psicologías de su tiempo al enfatizar los procesos, la mutabilidad y el desarrollo de las funciones psicológicas. Esa innovación concurre con dos principales corrientes de la psicología en los años 1910-1920 en Rusia:

1) la psicología idealista de Chelpánov (para esa psicología, las leyes del alma no se confunden con las funciones del cerebro si ellas sirven para ejercer su autonomía), 2) el abordaje naturalista y mecanicista (reactológico) de Kornílov [alumno de Chelpánov y director del Instituto de Psicología de Moscú en 1923] que, durante un tiempo, sedujo a Vygotski (Zavialoff, 1998, p. 45).

En oposición a esas corrientes dominantes de su contexto, en su teoría Vygotski sitúa las emociones en el mismo plano de las demás funciones psicológicas, no en ellas – como hace la teoría organicista – ni más allá, como una transcendencia afectiva. Además, el elemento del desarrollo ocupa un papel central en sus escritos: se refiere a las innovaciones del psiquismo humano, las revoluciones que ocurren en el psiquismo. En este sentido, el desarrollo y la consecuente mutabilidad del psiquismo humano revelan la  adaptabilidad de sus funciones superiores.

Los aspectos fundamentales de la Teoría de las emociones se resumen en desarrollo, transformación, procesos en oposición a las estructuras estáticas e interdependencia entre emoción y cognición. La actualidad de la obra de Vygotski es valorada por Zavialoff (1998) principalmente en los temas de la neurobiología y neuropsicología actuales. Las emociones son situadas en relación a la historia individual y social, posibles de transformación y desarrollo; son funciones superiores que parten de componentes biológico-instintivos e histórico-sociales.

Vygotsky (2004) ratifica su estudio histórico-psicológico en función del retraso presente en el capítulo de las emociones en la psicología, lo que afirmaba ya desde la redacción de las conferencias. También subraya la importancia del tema en la psicología y cómo este fue olvidado a lo largo del desarrollo de las teorías psicológicas. Le cupo aclarar que las teorías psicológicas que abordaban el tema de las emociones hasta entonces estaban basadas en la filosofía de René Descartes. Los críticos de la época asociaban equivocadamente esas teorías a la doctrina filosófica de Espinosa, como lo hizo Carl Lange (citado por Vigotsky, 2004) en relación a su propia teoría, al afirmar que Espinosa daba continuidad a la teoría de las pasiones de Descartes.

La teoría de James-Lange, con pequeñas divergencias, realiza la inversión clásica en la relación causal entre las emociones y sus modificaciones fisiológicas, sintetizada en el ejemplo: no lloramos porque estamos tristes, sino estamos tristes porque lloramos. De ese modo, la emoción es posterior a su reacción fisiológica, es el resultado directo de lo que anteriormente eran solo manifestaciones corporales (Vigotsky, 2004). Con eso, tales teóricos entendían que la emoción en sí no podría existir sin que fuese antecedida o acompañada de  modificaciones corporales. Para William James, las emociones sin el acompañamiento de modificaciones corporales consisten de meras percepciones intelectuales.

Esa teoría y las que de ella derivaron fueron el gran suceso y reverberan en la época contemporánea. Su éxito, de acuerdo con Vygotsky (2004), se relaciona con el abordaje del aspecto objetivo de la naturaleza de las emociones, partiendo de la fisiología y también desarrollado por otras corrientes, como la psicología norteamericana del comportamiento, la psicología objetiva rusa y otras tendencias de la psicología soviética. La conclusión común a que llegaron todos esos teóricos apunta a una discontinuidad entre la expresión orgánica de las emociones, su manifestación externa y su vivencia interna (emoción en-sí), afirmando que las manifestaciones corporales no sintetizan una emoción.

Aunque han sido muchas y difusas, las críticas a la teoría organicista se mostraron insuficientes para detener el suceso James-Lange. Según Vygotsky (2004), las críticas fueron insatisfactorias porque siguieron la misma base organicista para la psicología de los afectos, se mostraron incapaces para destruir la base patológica sobre la cual se erigieron las teorías de las emociones, además de no conseguir que se desvincularan de la filosofía de Descartes, que con base en la creación de la teoría organicista, no revelaron los errores psicológicos de la teoría de James-Lange, al no contribuir a “(...) la construcción de una psicología de los afectos en el hombre (…)” (Vigotsky, 2004, p. 53).

La obra sobre emociones de Descartes y el Tratado de las Pasiones, publicado en 1649 (Vigotsky, 2004). En esta obra el filósofo define que existen seis pasiones primordiales: admiración, odio, deseo, amor, alegría y tristeza. Con eso, procura encontrar un conjunto de estados orgánicos que caracterizan la aparición de cada una de ellas. La base metodológica de Descartes, de acuerdo con Vygotsky (2004), es la inauguración del mecanicismo en la psicología, a-histórica y espiritualista en la interacción alma-cuerpo en el mecanismo de la pasión, y el filósofo adopta una concepción teológica del problema psicofísico de las emociones.

Esa concepción teológica es consecuencia de la doble naturaleza de las pasiones para Descartes, que define tres tipos de percepciones humanas: las ligadas únicamente al cuerpo; aquellas ligadas solo al espíritu; y las pasiones, grupo de percepciones pasivas que se ligan simultáneamente al cuerpo y al espíritu.  Así, atribuye a las pasiones la expresión de la doble naturaleza humana, la espiritual y la corporal, un mecanismo automático y las percepciones mentales de las funciones de ese mecanismo. Es exclusivamente por medio de las pasiones que esa doble naturaleza se expresa en Descartes, o sea, las pasiones constituyen el único fenómeno en que substancias completamente distintas se reúnen (Vigotsky, 2004).

Con esa teoría, Descartes innovó los sistemas de pensamiento de su tiempo, una vez que su enfoque físico y mecanicista de las pasiones retiró las emociones de sus aspectos únicamente psicológicos y estableció para ellas una naturaleza corporal antes ausente. El mecanicismo en Descartes trajo consecuencias a las teorías de las emociones: estableció como principio que la experiencia emocional carece de sentido, equiparó las emociones a las sensaciones y percepciones, les delegó un carácter pasivo y excluyó de su análisis el desarrollo emocional (Vigotsky, 2004).

Vygotsky (2004, p. 113) enuncia a Descartes como “(…) el verdadero fundador de la teoría visceral, en la medida en que reduce la emoción a la sensación de las modificaciones viscerales”. El autor no cuestiona la existencia de las modificaciones orgánicas durante las emociones, sin embargo se pregunta, sobre la relación entre esas modificaciones y el contenido psíquico de las emociones, así como de su significado funcional, cuál es la relación de los fenómenos fisiológicos con las emociones en sí. Sin respuesta inmediata para ese cuestionamiento, Vygotsky (2004) da continuidad al estudio, aclarando la magnitud de Espinosa para la construcción de una nueva psicología de los afectos.

No obstante la consistencia de las críticas vygotskianas a Descartes en Teoría de las emociones, la misma claridad no se presenta cuando el autor se refiere a Espinosa, en medio de críticas y elogios; con todo, no hay cómo comprender las emociones en Vygotski sin tener bien definida su base espinosiana: el título original de la obra de ese estudio fue concebido por Vygotski como Espinosa y su teoría de los afectos, prolegómenos a la Psicología del Hombre, pero no fue llevado a cabo, como tampoco fue desarrollado el  discurso sobre el filósofo en Teoría de las Emociones, pues la obra fue dejada inacabada (Sawaia, 2000).

Sawaia (2000) señala que Espinosa era el filósofo preferido de Vygotski, visto por este como la llave para la construcción de su proyecto de una nueva psicología. Para la autora, la importancia del tema de las emociones en Vygotski es su semejanza – me atrevo a decir identidad – con el proyecto de una psicología general idealizado por el psicólogo ruso, visto detrás de la luz del dualismo que impregnó la historia de la psicología y sus posibilidades de superación. El propio Vygotski, en su breve análisis de la filosofía de Espinosa, apropiándose de ella dialécticamente, afirma que su opción por éste se justifica por ser un defensor del conocimiento científico de los sentimientos humanos y representar un marco en la historia de la psicología que, eliminadas las contradicciones de la teoría, será capaz de superar “(...) los problemas fundamentales a los que el conocimiento de la naturaleza psicológica de las pasiones y de toda la psicología del hombre han dado preponderancia (...)” (Vigotsky, 2004, p. 59).

El Tratado Breve de Espinosa, escrito alrededor de 1661, fue su primer esbozo de la teoría de las pasiones, desarrollada posteriormente en la Ética, publicada en 1677, obra sobre la cual Vygotsky (2004) se inclinó. En Espinosa Vygotski encontró el enlace que buscaba  entre cognición y afecto. A diferencia de Descartes, que consideraba el problema de las pasiones como fisiológico, así como la interacción cuerpo-alma, Espinosa daba rienda suelta a la relación existente entre pensamiento y afecto, concepto y pasión (Vigotsky, 2004).

Vygotsky (2004) procura argumentar a favor de los aspectos anti cartesianos de la doctrina de Espinosa, más evidentes en la Ética. En el artículo Del poder del entendimiento o de la libertad humana, Espinosa (citado por Vigotsky, 2004) destaca la idea errónea de Descartes de que los afectos y el conocimiento dependen totalmente de la voluntad y pueden ser gobernados de manera ilimitada.

Vygotsky (2004) también considera un error que los críticos de su época afirmaran que Espinosa consideraba los afectos como fenómenos exclusivamente psíquicos para abordarlo desde el espiritualismo. Al contrario, para el autor soviético, Espinosa fue un filósofo materialista, aunque su teoría tuviese limitaciones. La apropiación de la filosofía espinosista por Vygotski y su superación ocurrirán, para Gomes (2008), en el momento en que el psicólogo enunció el carácter histórico de los sentidos humanos, guiados por la  actividad humana práctica del trabajo. Según Gomes (2008, p. 82), la contribución de Espinosa a la teoría de los afectos fue la apertura de posibilidades “para una explicación materialista de las emociones humanas”. En contrapartida, la filosofía de Descartes era explicativa, causal y naturalista.

CONSIDERACIONES FINALES

El objetivo mayor de Vygotsky (2004) en el esclarecimiento de las bases filosóficas de las teorías psicológicas de la emoción de su contexto, consistió en el análisis de las psicologías de su época, divididas en psicología explicativa (causal) y descriptiva (teleológica) dentro de un propósito mayor de edificación de la psicología general sobre nuevas bases. Esta sucedió a aquella, debido a la insuficiencia de la psicología explicativa para esclarecer adecuadamente los procesos psicológicos superiores, específicos del hombre. La finalidad de ese análisis es evidenciar que ambas corrientes psicológicas poseían raíces en la doctrina cartesiana: aunque se propusieran objetivos contrarios, eran complementarias, cada cual tomando como base un aspecto de la filosofía cartesiana de doble naturaleza – la psicología explicativa, basándose en el mecanicismo de Descartes, y la descriptiva, en su espiritualismo.

Ante eso, no hay dudas de la prevalencia de Descartes en la psicología contemporánea y, consecuentemente, en la psicología de los afectos. No se trata más del embate filosófico entre Descartes y Espinosa, sino de las contradicciones intrínsecas a la doctrina cartesiana, las cuales se pulverizarían en la psicología actual de los afectos. Por un lado, la psicología explicativa o causal se ocupa de los problemas de las emociones inferiores, unidas indirectamente al objeto, inaccesibles a la lógica y carentes de sentido, admitiendo nexos causales; por otro, la psicología descriptiva se ocupa de los sentimientos superiores, que demandan un análisis teleológico de sus nexos y dependencias racionales. Se conserva el dualismo, con un doble análisis de las emociones en sus aspectos racionales y mecánicos de las causas corporales (Vigotsky, 2004). Ese dualismo es ampliamente discutido por Vygotski (1996) cuando trata del significado histórico de la psicología, en 1927. Para el autor, en la realidad, en aquel contexto del final de la década de los 20s del siglo pasado solo existían dos psicologías: una idealista y una materialista, ambas prescindiendo del método dialéctico en los estudios de los hechos de la vida humana.

De acuerdo con Toassa (2009, p. 161), los objetivos de Vygotski establecidos en la obra en cuestión coinciden con su proyecto de creación de una psicología general, “(...) cuyos conceptos contemplasen lo que seria propio de lo humano”. No obstante, Teoría de las emociones deja que desear en el cumplimiento de sus metas: la base filosófica cartesiana y dualista de las teorías psicológicas es elucidada minuciosamente, pero el proyecto de construcción de la nueva doctrina de los afectos a partir de otras bases no es llevado a cabo, probablemente en función de la inacabado de la obra, escrita en los tres años anteriores a la muerte del autor. Para Toassa (2009), las emociones en Vygotski no llegan a constituir una teoría, son apenas una concepción.

Para Vygotski, la explicación causal o descriptiva de las emociones es igualmente insuficiente. En el capítulo de las emociones, el dilema de la psicología es optar por el humano, con emociones y sentimientos biológicos, sociales, históricos, o por el hombre-máquina. Hasta hoy, la psicología ha estado mucho más próxima del hombre-máquina, de las explicaciones causales, en que la meta de la educación es enseñar al individuo a controlar sus impulsos inmediatos,  inadmisibles en las relaciones sociales y en una sociedad educada, preparando el hombre desde la infancia a dominar sus reflejos emocionales.

Se elimina, así, toda la complejidad de la vida emocional, sus posibilidades de desarrollo y transformación, su función de conocimiento, y se cumple el ideal de los sabios de la antigüedad para el hombre puramente racional, intelectual. En contrapartida, Vygotski (2004) pone en jaque el valor psicológico y científico de las explicaciones causales de los sentimientos humanos, pues afirma que estas no suplen las necesidades de la psicología. No obstante, el problema de la causalidad no solo no afecta los sentimientos, en la realidad, es condición de toda ciencia. Con eso, Vygotsky (2004, p. 174) encuentra la llave de la propia crisis psicológica en el problema de la causalidad, al afirmar que esta se tornó “(...) la piedra angular de toda la crisis psicológica. Un verdadero conocimiento no es posible sino como conocimiento causal”. Partiendo de esa constatación, la superación de la crisis en el capítulo de las emociones en psicología solo se podría tornar efectiva, de acuerdo con el autor, con la superación de los principios cartesianos que apoyaran las teorías de los afectos, pues el fenómeno de la emoción no puede ser explicado por la causalidad.

Así, Vygotsky (2004) afirma la necesidad de una reconstrucción del capítulo de las emociones en la psicología. En sus moldes, la emoción es un proceso, es sujeto del desarrollo y de la transformación. El autor critica las teorías de las emociones que le antecedieron, afirmando que estas no contemplaban una teoría del desarrollo – la teoría organicista excluía a priori la posibilidad de cualquier desarrollo de las emociones, en la medida que las emociones reflejas y periféricas son estables en el comportamiento –, y negaban las relaciones entre estados emocionales y estados intelectuales, excluyendo las emociones del desarrollo de la consciencia.

Además, la emoción es concomitantemente biológica y social, por tanto no puede ser sintetizada en su clasificación, como proponen Descartes y Carl Lange (citado por Vigotsky, 2004), o reducida a una idea o percepción intelectual, como propuso James acerca de las emociones superiores (citado por Vigotsky, 2004). En contrapartida, para Vygotsky (2004), la cuestión que emerge de esas consideraciones es saber si existe una explicación natural para lo que hay de superior en el hombre, sin reducir esos complejos fenómenos a fenómenos inferiores y mecánicos. Zavialoff (1998, p. 67) sintetiza así las críticas de Vygotski a ese respecto, dirigidas a las teorías que le precedieron:

Él [Vygotski] no reduce la experiencia subjetiva, los estados mentales a estados cerebrales  determinados a estructuras bien delimitadas, tampoco a un centro particular de integración o a un cerebro-espíritu autónomo que determina una acción: en Théorie des émotions, él critica a ese respecto las proposiciones de Wundt, de James y de Bergson: una emoción no es una idea, no es intelectual, producto de un conocimiento intuitivo o de un órgano capaz de crear automatismos motores.

Por último, de acuerdo con Sawaia (2000, p. 6), el mérito de Vygotski en el capítulo de las emociones proviene del simultáneo cambio y conservación de los afectos que el autor efectuó, “[...] del campo de los instintos al del conocimiento, de la ética y de la política, sin negarle el carácter de afección corporal”. En ese sentido, Sawaia (2000, p. 6) aclara el cambio que Vygotski provocó en psicología al considerar la emoción no solo en sus formas instintivas, rudimentarias y patológicas, sino como positividad epistemológica:

[Vygotski] introdujo en la psicología: la emoción como positividad epistemológica, superando el tradicional abordaje negativo, propio de las teorías que analizan al hombre en el remolque de la sociedad. En esas teorías, la afectividad es peligrosa porque está asociada a la individualidad, a la creatividad y a lo incontrolable, por eso, la presencia de las emociones en la explicación del comportamiento solo puede ser por la negatividad y por la patología.

Se concluye que el autor ruso reafirmó en su estudio de las emociones la concepción del hombre y la sociedad subyacente a toda su obra: hombre histórico-social y también biológicamente constituido, pero sobre el cual triunfarían las leyes sociales y culturales. Esa visión permite que Vygotski conciba el desarrollo ontogenético y filogenético como un proceso revolucionario, que contiene la posibilidad inminente de transformación social por un hombre que se modifica y aprende constantemente en relación a su mundo objetivo, de acuerdo con los recursos que le son proporcionados por medio de la transformación de la naturaleza, por medio del trabajo. El hombre, en su aspecto emocional, precisa ser comprendido como síntesis de las relaciones sociales, y en este sentido, las emociones son fechadas históricamente y son construidas a partir de las condiciones materiales de producción.

REFERENCIAS

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Gomes, C. A. V. (2008). O afetivo para a Psicologia Histórico-Cultural: considerações sobre o papel da educação escolar. Tese de doutorado, Programa de pós-graduação em Educação, Universidade Estadual Paulista, Marília, Brasil.
Magiolino, L. L. S., & Smolka, A. L. B. Afeto e emoção no diálogo de Vygotsky com Freud: apontamentos para a discussão contemporânea. Recuperado em 21 abr. 2010: http://www.anped.org.br/reunioes/32ra/arquivos/trabalhos/GT20-5545--Int.pdf
Maheirie, K., & Diogo, M. F. (2007). Uma breve análise da constituição do sujeito pela ótica das teorias de Sartre e Vygotski. Aletheia, 25 (1). Recuperado em 30 out. 2009: http://www.ulbra.br/psicologia/aletheia25.pdf.
Mostafa, S. P. (2008). Vygotsky e Deleuze: um diálogo possível? Campinas: Alínea.
Oliveira, I. M. A constituição social e histórica das emoções: contribuições de Elias e Vigotski. Texto recuperado em 30 out. 2009: http://www.uel.br/grupoestudo/processoscivilizadores/portugues/sitesanais/anais9/artigos/mesa_redonda/art1.pdf.
González Rey, F. (2000). El lugar de las emociones en la constitución social de lo psíquico: el aporte de Vigotski. Educação & Sociedade, 70 (1), pp. 132-148.
Sawaia, B. B. (2000). A emoção como lócus de produção do conhecimento – uma reflexão inspirada em Vygotsky e no seu diálogo com Espinosa. Texto recuperado em 04 jun. 2010: http://www.fae.unicamp.br/br2000/indit.htm.
Smirnov, A. A. (1969). Las emociones y los sentimientos. En A. A. Smirnov, Leontiev, A. N., Rubinshtein, S. L., Tieplov, B. M. Psicologia (pp. 355-381). México: Editorial Grijalbo S. A.
Toassa, G. (2009). Emoções e vivências em Vigotski: investigação para uma perspectiva histórico-cultural. Tese de doutorado, Instituto de Psicologia, Universidade de São Paulo, São Paulo, Brasil.
Vigotski, L. (1998). O desenvolvimento psicológico na infância. São Paulo: Martins Fontes.
Vigotski, L. S. (2001). Psicologia da Arte. São Paulo: Martins Fontes.
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Vigotsky, L. S. (2004). Teoría de las emociones: estudio histórico-psicológico. Madrid: Akal.
Vigotsky, L.S. (1996). Teoria e método em psicologia. São Paulo: Martins Fontes.
Vygotsky, L. (1998). Théorie des émotions: étude historicopsychologique. Paris: L’Harmattan.
Zavialoff, N. (1998). Introduction. En L.S. Vigotski, Théorie des emotions: étude historico-psychologique (pp. 5-83). Paris: L’Harmatan.


lunes, 8 de octubre de 2012

Delari Junior


¿FREUD EN LA TEORÍA DE LAS EMOCIONES DE VYGOTSKIY?*
Algunas dudas en cuanto a tal posibilidad

Achilles Delari Junior**
http://www.delari.net/ec-delari-2009_emocoes-vigotski-freud.pdf

Traducción: Efraín Aguilar

“El psicoanálisis muestra sus tendencias profundamente estáticas y no dinámicas, conservadoras, anti-dialécticas y anti-históricas”.
L. S. Vigotski (1927/1991, p. 299)

CONTEXTO DE LA INDAGACIÓN

Este texto es una versión ampliada de un comentario que hice en la página XMCA (eXtended Mind, Culture and Activity [1]) del LCHC (Laboratory of Comparative Human Cognition), en la madrugada del 2 de diciembre de 2009. Tal comentario se refería a que, en el tópico “sobre emociones” (about emotions), se hiciera mención a la idea de que Vygotskiy tenía simpatía por Freud debido a su abordaje “histórico” del ser humano. Lo que tal vez se basaba en una noción de la “historia” como curso cíclico de la vida mental individual, en la cual el ser humano pasa por diferentes fases psicosexuales y/o las repite –en la visión del psicoanalista. Con todo, como dije en aquel foro, tengo algunas dudas iniciales en cuanto al papel que Freud podría ocupar en la “teoría de las emociones” de Vygotskiy, las cuales deseo compartir con el lector, solicitando su crítica para profundizar en el tema. Tales dudas son reflejo y refracción de mi propia trayectoria de estudio de los dos autores, uno de ellos (Freud) bastante leído y enseñado en el curso de psicología, en varias disciplinas obligatorias, y el otro (Vygotskiy) referido siempre parcialmente en un curso autodidacta a espaldas de las instituciones de enseñanza. Lo cual, por cierto, evidencia mis límites personales e históricos en la formulación del problema y da espacio a las correcciones necesarias por parte del lector con mayor dominio de la teoría histórico-cultural. Siendo así, expondré primero los motivos de mi “desconfianza”, al mostrar indicios de profunda oposición teórica y metodológica de Vygotskiy frente a Freud (parte I). En un segundo momento, retomaré algunas áreas de contacto entre los dos autores, las cuales no muestran tener, así mismo, cualquier acuerdo metodológico central entre ellas (parte II). Por último, retomaré posiciones de dos diferentes momentos históricos del propio Vygotskiy sobre lo que él mismo pensaba si era o no “histórico” el abordaje psicoanalítico (parte III).

* Este texto tiene el carácter de un ensayo, en el sentido de exploración inicial y de problematización. Pasará por revisiones posteriores.
** Psicólogo por la UFPR desde 1993; maestro en Educación por la Unicamp desde 2000, en el área “Educación, conocimiento, lenguaje y arte”; investigador en el Grupo de Pesquisa Pensamiento y Lenguaje, desde 2009. E-mail: delari@uol.com.br.
1 Se trata de una página de discusión vía internet, por e-mail, en la cual participan investigadores de diferentes países, sobre todo algunos ligados a la llamada CHAT (Cultural Historical Activity Theory), entre otros participantes. El sitio de la lista se halla en: http://lchc.ucsd.edu/MCA/index.html

No es imposible un diálogo póstumo entre estos autores que ellos no hayan sugerido o deseado en vida. Conexiones inusitadas son posibles y deseables, ya que los significados sociales de lo que dijeron no podían quedar todos bajo su proprio dominio. La réplica social a sus palabras repercute en el “gran tiempo” y en el diálogo ellas nunca mueren. Pero vale recordar, en primer lugar, que el diálogo no es algo que hagamos solo cuando deseamos concordar o recibir aprobación. Vygotskiy, por ejemplo, se muestra siempre atento a sus oponentes intelectuales, más que estos a su obra, pero en eso, como regla, procede por antítesis y con ironía –sea “socrática” o no (2). En segundo lugar, ya se ha propuesto varios “diálogos de muertos” (3), críticos o ingenuos, entre Vygotskiy y otros autores, desde los más “cuestionados” (entre Vygotskiy y Piaget) hasta los más “consensuales” (entre Vygotskiy y Bajtín) –no debiéndonos oponer a tal práctica. Sea como fuere, la cuestión aquí no es determinar, a cualquier costo, si la metafísica de Freud tiene, objetivamente, algo que añadir a la dialéctica de Vygotskiy o no. Partamos del principio de que si el deseo del investigador fuera crear convergencias en las condiciones históricas de las ciencias humanas hoy, siempre podrá realizarlo en un cuadro teórico autosuficiente. Pero no me propongo dar contraprueba de posibilidad o legitimidad de fusiones ecléticas, sino apenas explorar algo de lo que el psicólogo bielo-ruso pensaba sobre ellas. De tal modo, al ser el propio pensamiento vygotskiano el objeto de nuestra curiosidad, el lector no encontrará aquí una revisión de las obras de Freud, lo cual puede obtener en abundantes fuentes de sus seguidores y/o admiradores –en su gran mayoría totalmente ajenos a las contribuciones de Vygotskiy y del materialismo dialéctico.

2 Wertsch (1985) relata que Vygotskiy tuvo un tutor llamado Solomon Markovich Ashpiz, versado en la dialéctica (arte del diálogo) socrática. Esta, a su vez, está compuesta de “mayéutica” e “ironía”. En la “mayéutica” Sócrates trabaja como “partero”, auxiliando al interlocutor a llegar a nuevas conclusiones “por sí mismo”. En cuanto a la “ironía” presenta errores lógicos en su propia habla, llevando al interlocutor a percibir que, pensando así, caerá en contradicción. No se puede decir que las ironías de Vygotskiy sean siempre tan generosas. A veces, son un recurso retórico asimismo áspero, al estilo de Marx, Engels o Lenin. Por ejemplo: “Esa habla revelada con claridad en el estudio de Dostoiévskiy, descrito por Neufeld: ‘Tanto la vida como la obra de Dostoiévskiy son enigmas... Mas la llave mágica del psicoanálisis elucida todas las contradicciones y enigmas: el eterno complejo de Edipo vive en ese hombre y crea esas obras.’ (76, p. 12) ¡Genial en efecto! No es la llave mágica, sino cierta llave falsa del psicoanálisis con la que se puede descubrir decididamente los misterios y enigmas de la obra” (VIGOTSKI, 1925/1999 – p. 95). Claro que ese “genial” no es un elogio, ya que la “llave mágica” seria “llave falsa”. En otros lugares la ironía es más sutil, como veremos adelante (p. 11 de este texto).
3 “Diálogos de muertos” son obras de cierto género literario, propio de la cosmovisión carnavalesca, cuya génesis histórica es estudiada por Bajtín en “Problemas de la poética de Dostoiévskiy” (BAKHTIN, 1929/1997). En estas obras, los autores ponen a conversar a personas que no lo hicieron en vida; que vivieron en épocas diferentes; y también a figuras históricas con personajes mítico-literarios. Un clásico de ese género es el propio “Diálogo de los muertos” de Luciano (1998), una sátira menipea del siglo II de nuestra era.

Como dice la psicóloga social Lucília Reboredo: “para haber diálogo es preciso que haya diferencia”. Acentuar diferencias es el modo que encuentro aquí para evitar cierta tendencia a omitir nuestra ubicación ideológica en el debate entre posturas epistemológicas distintas, por no decir antagónicas, ya común en el eclético y conservador escenario posmoderno –noche política y cultural, en la cual todos los discursos son pardos.


PARTE I

ALGUNAS POSICIONES CENTRALES ANTAGÓNICAS DE VYGOTSKIY CON RESPECTO A FREUD

1 - EN 1931-33 – "Teoría de las emociones – un estudio histórico-psicológico”.

La obra “Teoría de las emociones” fue escrita y reescrita por Vygotskiy a lo largo de varios años, entre 1931 y 1933, al contemplar la crítica de algunas de las principales concepciones sobre este tema en su época. Entretanto, es interesante recordar que en todo el texto, cuya edición hoy conocida (4) contiene veinte capítulos, Freud es citado en apenas dos ocasiones: (1.1) en el capítulo 18, como un “discípulo involuntario de Descartes”; y (1.2) en el capítulo 19, en una alusión alegórica a un chiste relatado por aquél.

1.1 – En el capítulo 18 Vygotskiy recuerda que para Descartes las “pasiones del alma” son exclusivamente humanas, ausentes en los animales, desprovistos de alma. En seguida, critica diferentes tendencias que continúan viendo las emociones propiamente humanas como algo disociado del cuerpo, de los procesos fisiológicos (5). Dentro de ellas están el organicismo de James/Lange y las proposiciones metafísicas de Freud y Scheler/Lotze, todos considerados, cada cual a su modo, “discípulos involuntarios de Descartes” (6) (VIGOTSKI, 1931-33/2004 – p. 211).

4 Una primera publicación de la versión completa de la obra está prevista para el “volumen 12” de la nueva edición rusa de las Obras de Vygotskiy en 15 volúmenes. Con todo, no hay fecha para el lanzamiento. Para una lista completa de la nueva edición de las obras, ver: http://delari.sites.uol.com.br/vigotski_15.htm#volume12
5 Como dice Rubinshtéin “el principio de la unidad psicofísica es el principio más importante de la psicología soviética” (1940/1967, p. 34). Lo cual también se puede deducir de la posición monista de Vygotskiy al afirmar que “la psique no aparece aislada del mundo o de los procesos del organismo ni por una milésima de segundo” (1926/1991, p. 150). Dediqué una sesión a este principio, al discutir algunos “principios de psicología general en un abordaje histórico-cultural” (DELARI JR. 2009b – p. 12-13).
6 Detallé esa discusión de Vygotskiy en un trabajo aparte, producido como material didáctico para nuestro grupo de estudios en Umuarama (ver DELARI JR., 2009a).

Algo del dualismo de Freud residiría en su entendimiento de que no es necesario conocer las vías nerviosas para comprender, por ejemplo, lo que es el miedo. En este autor se halla el reconocimiento de características orgánicas que proporcionan los tonos fundamentales del afecto, mas no se deduce que sean la “substancia” del afecto. Por tanto, se deduce que la “psicología profunda de los afectos”, representada por Freud, los definiría como de orden de otra substancia que no es la materia. Según Vygotskiy, “la intuición de preservar un examen puramente causal de los hechos psicológicos y, al mismo tiempo, de no llevar a la ruina la psicología considerada como una ciencia autónoma y de no poner sus problemas en manos de la fisiología; obliga a la psicología profunda a reconocer la absoluta independencia substancial de los procesos psíquicos y la autonomía de la causalidad psíquica” (VIGOTSKI, 1931-33/2004 – p. 215). En cierto momento, la búsqueda inicial de Freud por un determinismo orgánico habría sido substituida por la postulación de un determinismo psíquico, prescindiendo de explicaciones neurofisiológicas, tornándose para él inclusive innecesario debatir con James y Lange (ver VIGOTSKI, idem). En suma, Freud es visto por Vygotskiy tan metafísico como Scheler y Lotze. Con todo, si estos representan una metafísica “teísta”, la del psicoanalista sería “pan demoniaca”, valiéndose de “imágenes del reino subterráneo, del infierno y de las profundidades extremas” (VIGOTSKI, 1931-33/2004 – p. 217). Su psicología buscaría “elucidar el enigma (...) en las profundidades metafísicas del espíritu humano –en la voluntad (7) de Schopenhauer” (idem, p. 216). Aquí tenemos la impresión de que la teoría de las emociones de Freud no está siendo elogiada, tampoco aceptada. Mucho más crédito se le da, en este capítulo, al anónimo Chabrier (8), por ejemplo, con sus pistas sobre las relaciones entre emociones y consciencia, ideología, cultura, historia y personalidad (ver VIGOTSKI, 1931-33/2004, p. 212, 213 y 218).

7 Según Rubens Rodrigues Torres Filho, traductor brasileño de las obras de Schopenhauer, en el sistema de este pensador “la voluntad es la raíz metafísica del mundo y de la conducta humana; al mismo tiempo, es la fuente de todos los sufrimientos. Su filosofía es, así, profundamente pesimista, pues la voluntad es concebida en su sistema como algo sin meta o finalidad, un querer irracional e inconsciente. Al ser un mal inherente a la existencia del hombre, ella genera el dolor necesaria e inevitablemente; aquello que se conoce como felicidad sería apenas una interrupción temporal de un proceso de infelicidad y solamente la memoria de un sufrimiento pasado crearía la ilusión de un bien presente. Para Schopenhauer, el placer es un momento fugaz de ausencia de dolor y no existe satisfacción durable” (TORRES FILHO, 1980 – p. XII). Para quien ya leyó a Freud, no tendrá dificultad en reconocer semejanzas con este modo trágico de retratar la existencia humana en su perpetuo “malestar”. Ver también la nota “11”, en la página 6 de este trabajo.
8 Probablemente Joseph François Chabrier (? – ?), autor de “Les emotións et les etáts organiques”, obra publicada en Paris por Alcan en 1911. No se sabe qué le sucedió a este estudioso, por tal motivo es tan poco conocido. No hay registros biográficos de él, ni títulos de otras obras suyas. Este libro de 1911 está registrado en el sitio “Google books”, indicando que se trata de un volumen de 157 páginas –pero no está disponible para venta o consulta. Las principales apreciaciones positivas de Vygotskiy con relación a este autor en el capítulo 18 de “Teoría de las emociones” fueron compiladas en un texto mío de cuño didáctico (DELARI JR., 2009a). En algunos momentos no se sabe hasta qué punto las palabras son de Vygotskiy o paráfrasis de Chabrier.

1.2 – En el capítulo 19 Freud es citado de modo puramente alegórico por Vygotskiy, cuando éste se refiere al caso de un chiste relatado por aquél, para dar seguimiento a un argumento más general criticando a Dilthey por mezclar tesis de contenido distinto. “Así, la mezcla de tres afirmaciones distintas en cuanto a su contenido recuerda de manera sorprendente la lógica de la historia a que se refiere Freud en su estudio sobre el chiste. Una mujer a quien su vecina acusa de haber quebrado una olla que le había prestado expone, para justificarse y para ser más convincente, tres argumentos de una vez: ‘en primer lugar –dice– no te pedí prestada ninguna olla; en segundo lugar, cuando la llevé ya estaba rota; en tercer lugar, la devolví perfectamente intacta’” (VIGOSKI, 1931-33/2004 – P. 226-227). Ninguna explicación y/o contribución teórica freudianas son asumidas, en este pasaje, para la comprensión del funcionamiento psíquico del chiste como tal. Y las contribuciones de Freud sobre las emociones al menos son puestas en evidencia, en ese momento. La mención es hecha apenas de pasada, como recurso retórico, una figura de analogía entre la inconsistencia de la lógica del pensamiento de la mujer acusada por la vecina y la lógica del pensamiento teórico de Dilthey, al tratar la psicología de los sentimientos.

Se constata que en un trabajo de veinte capítulos sobre la teoría de las emociones Vygotskiy sólo menciona el pensamiento del propio Freud cuando lo coloca entre los “discípulos involuntarios de Descartes”. O sea, sólo lo trae al baile como uno entre otros importantes ejemplos de la postura metodológica dualista que está criticando, a lo largo de toda la obra, a partir de otras referencias, sobre todo las del monismo de Espinosa. No sabemos decir exactamente cuándo, entre 1931 y 1933, los capítulos 18 y 19 fueron escritos. Podemos apenas constatar que este sea un momento histórico ya avanzado en el desarrollo del pensamiento de Vygotskiy. Entretanto, desde antes él ya venía definiendo algunas bases epistemológicas para tal posicionamiento crítico, como veremos en seguida.

2 - En 1927 - "El significado histórico de la crisis en la psicología”

En la obra “El significado (9) histórico de la crisis en la psicología”, de 1927, Vygotskiy menciona a Freud varias veces. Con todo, podemos notar que, en la mayoría de ellas, lo hace en función no tanto de criticarlo directamente, cuanto de rechazar metodológicamente varias tentativas de fusión epistemológica entre marxismo y psicoanálisis –una de ellas del propio Luria, en artículo de 1925 publicado en la colección “Psicología y marxismo”, organizada por Konstantín Kornílov (ver LURIA, 1925/2002). El rechazo categórico a tales tentativas ocurre con base en los siguientes argumentos, entre otros: (2.1) la inconsistencia de tratar la obra de Freud como “monista” y/o “materialista”; (2.2) la presencia de una fuerte adhesión de Freud a concepciones metafísicas; y (2.3) la presencia de un destacado reduccionismo del psicoanálisis en el campo práctico.

9 En ruso la palabra es “smysl” (смысл), más comúnmente traducida como “sentido” entre los conceptos vygotskianos. Como en el capítulo 7 de “Pensamiento y lenguaje”, en que Vygotskiy (1934/2001) diferencia “sentido” de “significado” –respectivamente “smysl” (смысл) y “znachenie” (значение).

2.1 – Para mostrar el carácter frágil de los argumentos a favor de un supuesto “monismo” en Freud, Vygotskiy destaca que su “materialismo médico” es muy distinto del “materialismo dialéctico” propio de la psicología marxista. El primero puede convivir con las concepciones metafísicas, el segundo busca superarlas. Así, rechaza abiertamente la posición de Zalkind: “Pero veamos el supuesto monismo del psicoanálisis con el cual Freud no habría estado de acuerdo. ¿Dónde, en qué palabras, con qué motivo, se pasó al terreno del monismo filosófico a que se refiere el artículo [de Zalkind]? ¿Será que la reducción de un cierto grupo de hechos a la unidad empírica es monismo? Al contrario, Freud reconoce siempre lo psíquico, es decir, lo inconsciente como una fuerza especial que no puede reducirse a ninguna otra. ¿Además, por qué este monismo [sería] ‘materialista’ en sentido filosófico? El materialismo médico (que reconoce la influencia de órganos aislados, etc., en las formaciones psíquicas) está todavía en el terreno de la filosofía idealista” (VIGOTSKI, 1927/1991 –p. 229). Que Freud, como médico, reconozca el carácter material de los procesos orgánicos elementales, no lo hace “materialista” ni “monista” en el sentido filosófico, ontológico y epistemológico. Vygotskiy no cree que Freud sea un pensador monista, ya que él no se lo propone, pero coloca en el cheque el argumento freudomarxista de que es posible incorporar a Freud con base en el precepto equivocado de su supuesto “monismo”. Se ve que el dualismo de Freud enfatizado en “Teoría de las emociones” ya era abiertamente constatado en 1927.

2.2 – En cuanto a las bases metafísicas de Freud, en el texto sobre la “Crisis” se destacan principalmente las influencias de Lipps (10) y de Schopenhauer. Con respecto al primero, Vygotskiy señala que “todos los conceptos principales del sistema psicológico de Freud se remontan a T. Lipps. Los conceptos de ‘inconsciente’, de ‘energía psíquica ligada a determinadas representaciones’, de las pulsiones como base de la psique, de la lucha de las pulsiones y de las transferencias, de la naturaleza afectiva de la consciencia, etc. En otras palabras, las raíces psicológicas de Freud se adentran en las capas espiritualistas de la psicología de Lipps. ¿Cómo no tener esto en cuenta al hablar de la metodología de Freud?” (VIGOTSKI, 1927/1991, p. 300). Con relación a Schopenhauer la advertencia epistemológica no es menos severa: “Es un hecho (no sólo no desmentido, sino para ser analizado por los autores de la ‘coincidencia’) que la doctrina de Freud sobre el papel primario de las pasiones ciegas, papel que se refleja de forma inconsciente y desvirtuada en la consciencia; se remonta directamente a la metafísica idealista de la voluntad de las representaciones de Schopenhauer. En sus conclusiones más extremas, el propio Freud señala que se halla cerca de Schopenhauer (11). Pero también en sus premisas fundamentales, así como en las líneas determinantes de su sistema, está ligado a la filosofía del gran pesimista, como se pone de manifiesto en análisis más simples”. (VIGOTSKI, 1927/1991, p. 299). Vygotskiy, de este modo, busca mostrar que varias ideas tomadas como innovaciones trazadas por Freud no son tan originales, y que tal autor no se cuestiona si se opone a la tradición metafísica a la cual se afilia; sin embargo algunos marxistas rusos lo quisieran colocar en un lugar que él mismo no desearía asumir.

10 Esto no sólo es señalado por Vygotskiy, sino que ha sido reconocido y asimismo elogiado por estudiosos contemporáneos de Freud, como el profesor Zeljko Loparic (ver LOPARIC, 2001).
11 En palabras del propio Freud, en la “Historia del movimiento psicoanalítico”: “Otto Rank (1911a) nos mostró un trecho de la obra de Schopenhauer World as Will and Idea en la cual el filósofo procura dar una explicación de la locura. Lo que él dice sobre la lucha contra la aceptación de la parte dolorosa de la realidad coincide tan exactamente con mi concepto de represión que, más de una vez, debo la oportunidad de hacer un descubrimiento al hecho de no ser una persona muy leída” (FREUD, 1914/1978 – p. 45). De modo jocoso, el autor sugiere que por ignorar el carácter social de sus propias ideas, puede imaginárselas como “descubrimiento”.

2.3 – Por último, Vygotskiy también cuestiona los campos de aplicación “práctica” del psicoanálisis, tanto de sus técnicas terapéuticas como de las aplicaciones de las especulaciones generadas para intentar dar cuenta de ellas, cuando se las traslada indiscriminadamente a los más diferentes campos de la cultura y de la vida social. De esa manera: “también en sus trabajos ‘prácticos’, el psicoanálisis muestra sus tendencias profundamente estáticas y no dinámicas (12), conservadoras, anti-dialécticas y anti-históricas. Reduce los procesos psíquicos superiores –individuales y colectivos– directamente a raíces que evolucionan poco, primitivas, en esencia pre-históricas, pre-humanas, sin dejar espacio a la historia. La obra de F. M. Dostoiévskiy se analiza del mismo modo que los tótems y tabús de las tribus primitivas; la iglesia cristiana, el comunismo, la horda primitiva, todo eso procede, en psicoanálisis, de la misma fuente. Que tales tendencias se encuentran en el psicoanálisis lo testimonian todos los trabajos de esta escuela que tratan los problemas de la cultura, de la sociología, de la historia. Comprobamos, por tanto, que no sigue, sino niega, la metodología del marxismo. Pero sobre esto, ni una palabra más” (VIGOTSKI, 1927/1991, p. 299-300). Como veremos abajo, ese profundo rechazo de Vygotskiy al reduccionismo freudiano ya era anunciado, dos años antes, en su libro “La psicología del arte”, de 1925.

12 En cuanto al carácter “no dinámico” del psicoanálisis, Vygotski retrocede en “Las emociones y su desarrollo en la edad infantil” con la hipérbole de que “Freud muestra la extraordinaria dinámica de la vida emocional” (VIGOTSKI, 1932/1998 – P. 96). Dice que la “muestra”, mas en seguida agrega que “una conclusión puramente formal de sus pesquisas es, a mi ver, correcta, a pesar de la falsedad, en esencia, de la afirmación fundamental de Freud”. La ambivalencia de las emociones en las primeras etapas del desarrollo es la constatación que Vygotski acepta “a pesar del carácter equivocado de la explicación que [Freud] da sobre la emoción ambivalente” (idem). Como en el tema de la relación “vida y muerte” (ver página 11 de este trabajo), acoge el problema concreto, pero rechaza la explicación metafísica –falsa “en esencia”. Y en cuanto a lo “anti-histórico”, mantendrá su posición –ver página 15 de este trabajo.

Concluyendo nuestras consideraciones sobre esta obra de 1927, cabe recordar que ella puede, grosso modo, ser situada en un período intermedio en el desarrollo del pensamiento de Vygotskiy. Entretanto, aquí se nota que algunas directrices epistemológicas importantes ya son señaladas. Y el lugar dado entonces a la teoría de Freud en la psicología marxista, en la visión de Vygotskiy, es el de un franco oponente en el campo epistemológico. Aunque una u otra cuestión surgida de él puede ser bien recibida por Vygotskiy, las respuestas dadas a ellas dentro del sistema filosófico general del psicoanálisis, su visión del mundo, no son acogidas con el mismo entusiasmo. Lo que será retomado con más detalles en la “parte II”.

3 - En 1925 – en “Psicología del arte”

Al regresar un poco más en el tiempo notaremos que Freud fue citado más en “Psicología del arte” que en “Teoría de las emociones”. El primero también fue un trabajo de muchos años, concluido en 1925, período en que según algunos autores, la referencia principal de Vygotskiy en psicología era “reflejológica” (13) (ver VERESOV, 1999). Además, aunque se sitúe este libro en un momento poco maduro de la producción teórica de Vygotskiy, ya encontramos en él críticas severas a Freud alrededor de cuestiones teóricas importantes. Vygotskiy rechaza de modo enfático algunos principios fundamentales del cuadro referencial freudiano, como, por ejemplo: (3.1) el pan-sexualismo; (3.2) el infantilismo; y (3.3) la interpretación energética.

13 Como decimos en otro lugar (DELARI JR. y BOBROVA PASSOS, 2009) –no nos adherimos totalmente a las periodizaciones comunes de la obra de Vygotskiy. Cabe notar diferencias cualitativas entre obras como “Psicología del arte” (VIGOTSKI, 1925/1999) y “Psicología pedagógica” (VIGOTSKI, 1926/2003; 1926/2004), ambas de un “mismo período”. Pero es importante admitir que en 1925 Vygotskiy todavía no concebía la psicología mediante la “teoría histórico-cultural”, cuyos contornos más nítidos serían definidos en 1928 (ver VALSINER y VAN DER VEER, 1991/1996; VERESOV, 1999). Se puede así ver algo de reflejológico en la “Psicología del arte”, cuando los sentimientos proporcionados por la obra son vistos como “reacciones estéticas” y su culminación catártica como “descarga de energía nerviosa”. Con todo, Vygotskiy también busca lo que diferencia las relaciones forma/contenido de cada obra y no solo un mecanismo genérico que iguale a todas –lo que critica en el pan-sexualismo, infantilismo e interpretación energética de los psicoanalistas.

3.1 – “Pan-sexualismo” es la tendencia a concebir cualquier aspecto del funcionamiento psíquico como manifestación de una sola “energía” llamada “sexual” (14). Algunos lectores de Freud alegan, en su defensa, que para tal autor “no todo es sexual”, en el sentido de “genital” –lo que es obvio, pues ni siquiera él llegaría a tal punto. Pero es una salida ingenua pues la crítica no es a un “pan-genitalismo”, sino a la visión de que experiencias vitales muy diferentes de las genitales sean entendidas como de naturaleza igualmente “sexual” –por la “energización” de “zonas erógenas” distintas, por ejemplo. De ese modo, todo el psiquismo humano podría ser concebido en términos de la dinámica de una energía “sexual”, su represión y su canalización, saludable o patológica, para las más diversas u opuestas actividades. En ese tipo de generalización habría incurrido Freud en su análisis de las obras de arte. Según Vygotskiy, “surge así una impresionante laguna en la teoría psicológica (...). ¿Cómo se puede interpretar la música, la pintura decorativa, la arquitectura, todo en lo que es imposible hacer la traducción erótica simple y directa del lenguaje de la forma, al lenguaje de la sexualidad?” (VIGOTSKI, 1925/1999 –p. 96). Más tarde, Vygotskiy dirá que un error en el desarrollo de los conceptos psicológicos reside justamente en este proceso por el cual una explicación válida para situaciones particulares, como algunos casos clínicos de Freud, se generaliza para las más diversas realidades (15) (arte, religión, política, quizá la pedagogía...) y se hace ley universal, se torna en una “ideología” (VIGOTSKI, 1927/1991 – 271 y 272).

14 Al final de su vida, Freud sugerirá que la “pulsión de muerte” no es de la misma naturaleza que la libido –en algún momento concebida como “sexual”. En este período el propio concepto de energía psíquica se torna más abstracto y misterioso: “Presumimos (...) que en la vida mental actúa alguna especie de energía, mas no tenemos nada en qué basarnos que nos capacite a aproximarnos a un conocimiento de ella a través de analogías con otras formas de energía” (FREUD, 1938/1978 – p. 212). Esta declaración es de 1938. Freud muere en 1939. No se puede decir que fuese un “desvío metafísico de juventud”.
15 Varios ejemplos de ese reduccionismo podrían ser dados, uno de los más notorios está en “El futuro de una ilusión”, de 1927, en el cual la religión es tratada no como realidad antropológica con sus especificidades simbólicas para cada sociedad en diferentes realidades geográficas y tiempos históricos, sino tan solo como una “neurosis obsesiva universal de la humanidad”. En palabras del propio autor: “Así, la religión sería la neurosis obsesiva universal de la humanidad; tal como la neurosis obsesiva de las criaturas surge del complejo de Edipo, de la relación con el padre” (FREUD, 1927/1978 – p. 117). Freud ya tenía 71 años cuando escribió eso –lo que también sugiere no ser ningún “descuido juvenil”, aunque el error sea aquí más grave que el de la nota anterior.

3.2 – “Infantilismo” es la tendencia a reducir la explicación de los actos humanos a estructuras mentales definidas en la infancia, sobre todo por la estructuración del “complejo de Edipo” –concepto de Freud en el cual el mito griego es leído de acuerdo con su visión e intereses (16). Vygotskiy entiende que “en su estudio sobre Leonardo da Vinci, Freud intenta deducir todo el destino y toda la obra de este artista en las emociones [pieriezhivania] básicas de la infancia” (VIGOSTKI, 1925/1999 –p. 94). Sugiriendo que para tal autor “cada individuo está preso en su complejo de Edipo y que, en las más complejas y elevadas formas de nuestra actividad somos forzados a vivenciar más y más nuestro infantilismo y, así, la más elevada creación está fijada en el pasado remoto. Es como si el hombre fuese esclavo de su infancia, como si pasara toda la vida resolviendo aquellos conflictos que se crearon en sus primeros meses de vida” (idem –p. 94-95). Tal impugnación aumenta cuando la relación entre creación artística y trayectoria biográfica de Dostoiévskiy es comentada. Pues para algunos psicoanalistas “en Dostoiévskiy vive y crece un eterno Edipo. Acontece, pues, que se considera como ley fundamental del psicoanálisis la afirmación de que Edipo vive en cada individuo. ¿Significa esto que, mencionando a Edipo, resolvemos el enigma de Dostoiévskiy? ¿Por qué debemos admitir que los conflictos de la sexualidad infantil o los choques de la criatura con el padre, fueron más influyentes en la vida de Dostoiévskiy que todos los traumas y emociones [pieriezhivania] más tardíos? ¿Por que no podemos admitir, por ejemplo, que emociones [pieriezhivania] como la espera de la ejecución, los trabajos forzados, etc. no podrían servir de fuente para nuevas, complejas y angustiantes emociones [pieriezhivania]?” (VIGOTSKI, 1925/1999 – p. 95). Tanto el pan-sexualismo como el infantilismo psicoanalíticos nos impiden ver y resaltar qué es lo propio de la creación artística singular de Dostoiévskiy o da Vinci, nivelándolas con cualesquiera producciones comunes.

16 Mitólogos como Junito Brandão (1992) muestran que la lectura que Freud hace de Edipo es cuestionable. Pues Edipo, en la lógica de la tragedia, no mata al padre por el deseo de estar (tampoco “permanecer”) con la madre, sino para tornarse rey. La reina es sólo un premio secundario que viene con el trono, pues la cultura griega antigua daba muy poco valor a la mujer. Freud, a su vez, tiende a hacer de su Edipo un principio arcaico y válido para cualquier tiempo histórico, sin considerar las características culturales y políticas del pueblo que creó la obra literaria. Tomó su propia ideología y la “proyectó”, para usar sus propios términos, sobre el pasado distorsionando el carácter original del mito, leyéndolo como convenía a sus intereses teóricos. Su versión particular se tornó tan difundida y de sentido común al punto de pasar hoy como algo “universal”, estructurante de la personalidad de todo ser humano, en cualquier tiempo y espacio.

3.3 – La “interpretación energética” dice, respecto a la tendencia meta-teórica freudiana ligada al pan-sexualismo, tratar cuestiones relativas al funcionamiento del psiquismo humano como reducibles a su aspecto energético inespecífico, universal, del que no siempre se tenía claro de qué naturaleza sería tal “energía” en su materialidad (17). Entre tanto, al ser todo en el psiquismo humano cuestión de “energía”, los procesos semánticos más distintos serían diferentes manifestaciones de una sola realidad. Vygotskiy en ese momento histórico no deja de concordar, por ejemplo, con que hay una contribución de Freud en relación a determinadas vivencias [pieriezhivania], con lo cual sondearía su propio entendimiento en cuanto al papel de la catarsis en la reacción estética (lo que retomaré en la parte II). Entre tanto, una corrección fundamental sería hecha a Freud: “abandonar su interpretación energética”. “Son más interesantes los resultados del chiste, del humor y de la comicidad obtenidos por Freud. Hallamos un tanto arbitraria su interpretación energética de las tres modalidades de emociones [pieriezhivania], que acaba por reducirlas a cierta economía, la pérdida de energía; pero si abandonamos esa interpretación energética no podremos dejar de concordar con la grandiosa precisión de análisis de Freud” (VIGOTSKI, 1925/1999 – p. 295). A despecho de la hipérbole de la “grandiosa precisión”, aquí se nota que cierto resultado de la investigación de Freud es aceptado como útil, y su modo más general de comprender tal resultado debe ser “abandonado” para que se pueda obtener buen provecho de ella. Resta preguntar: si entender el psicoanálisis como sistema “monista”, que no pretende serlo, constituye un error metodológico, ¿no sería también un equívoco intentar concebirlo sin la “interpretación energética”? ¿Sin esto no dejaría de ser “psicoanálisis”, en los términos en que Freud lo concebía?

17 Ver nota “14” de este trabajo.

Cabe destacar que “Psicología del arte” es el resultado de una investigación basada en el método “objetivo-analítico” y trata de la objetividad de las relaciones contradictorias entre contenido y forma organizadas por el autor en la estructura de la propia obra literaria (ver VIGOTSKI, 1925/1999), con base en una tradición estética dada, social e históricamente constituida. Por lo tanto, tal método niega el psicologismo, que vería las explicaciones de la obra en el psiquismo individual del autor o de quien viera su trabajo. Psicologismo que, a su vez, se constituye en el principal modo de interpretación por el cual el psicoanálisis ve el arte: una forma de “sublimación” de tendencias individuales reprimidas que deben realizarse de algún modo “socialmente aceptado”. Ya que, como veremos en seguida, Vygotskiy se acerca a algunas ideas de Freud por cuanto a la función de la catarsis en la reacción estética, creo que las raíces de ese punto en común pueden ser buscadas en fuentes anteriores, compartidas por ambos. Pues no constituyen, en absoluto, un hallazgo original de Freud, ni precisan ser abordadas de acuerdo con su visión del mundo y del hombre, radicalmente opuestas a las de Vygotskiy.

PARTE II

ALGUNAS POSICIONES PERIFÉRICAS FAVORABLES DE VYGOTSKIY CON RELACIÓN A FREUD

Llamaré a tales posiciones favorables como “periféricas”, no por que no sean válidas o aprovechables, sino porque no parecen alterar el núcleo teórico y epistemológico de la contribución de Vygotskiy. Son periféricas con relación al antagonismo nuclear y de principios entre este autor y el psicoanálisis, cuyas pistas expusimos en la parte I. Como los lectores de Vygotskiy saben, hay un elogio hecho a Freud con relación a su intuición sobre la importancia de la muerte en la definición de la propia vida humana –a lo que éste responde con la noción, bastante metafísica, de “pulsión de muerte”. Ya destaqué tal elogio en otros lugares (DELARI JR., 2001; 2009b). Con todo, cabe no verlo de modo ingenuo, como una concesión al eclecticismo típico del freudo-marxismo. Aquí lo que se coloca como elogio en ese mismo momento se constituye como crítica en una ironía sutil: “la ciencia también tiene necesidad de esos libros: libros que no descubren la verdad pero que enseñan a buscarla, aunque no la hallan encontrado” (VIGOTSKI, 1927/1991 – p. 303). Claramente, Vygotskiy sólo asume que Freud hace una buena pregunta, no que presente respuesta satisfactoria. Por tanto, el interés no está, de modo alguno, en la concepción psicoanalítica como tal, sino en el objeto con el cual ella tantea ciegamente. Tal elogio a la pregunta de Freud sobre la importancia de la muerte para la vida aparece tanto en el texto de la “Crisis en la psicología” como en la publicación anterior firmada con Luria –un “Prefacio a la edición rusa de ‘Más allá del principio del placer’” (18) (VIGOTSKI y LURIA, 1925/1994). Cabe destacar también que, en 1927, la importancia dada a la intuición de Freud está relacionada con el rescate de la afirmación dialéctica de Marx y Engels de que “vivir es morir” (apud VIGOTSKI 1927/1991 – p. 303). Pero, al menos en las obras aquí presentadas, tampoco vimos a Vygotskiy calificar el abordaje freudiano exactamente como “dialéctico”.

18 Texto de 1925 bastante curioso, en el que los autores relatan que “una nueva y original tendencia psicoanalítica está comenzando a formarse en Rusia, la cual, con ayuda de la teoría de los reflejos condicionados, tiende a sintetizar la psicología freudiana y el marxismo y a desarrollar un sistema de psicología reflejológica freudiana en el espíritu del materialismo dialéctico”. (VIGOTSKI e LURIA, 1925/1994 – p. 11). Con todo, estas mismas tentativas de fusión entre psicoanálisis y marxismo serán criticadas en 1927, inclusive las del propio Luria. Así también, la idea vaga de que “Más allá del principio del placer” tenía “enorme potencial para una comprensión monista del mundo” (idem –p. 17) no fue suficiente para evitar que Vygotskiy en 1927 argumentara contra tal supuesto “monismo”. Posiblemente, en el prefacio de un libro por publicarse en la URSS bolchevique, con probable éxito editorial, no podría tacharlo abiertamente de “metafísico” o “dualista”. Con todo, más allá de la duda sobre las condiciones editoriales de la producción del texto, es también difícil saber de qué modo intervino cada autor en su redacción, por lo que cabe a cada uno de ellos.

Otra aparente aproximación entre estos autores también ocurre en la “Psicología del arte”. Se trata de la mención a la noción asumida por Vygotskiy, también aceptada parcialmente por Freud, de que las emociones son procesos conscientes para el ser humano. Sin embargo, tal vez debieran hacerse dos consideraciones frente a eso. La primera es que el modo por el cual Vygotskiy concibe las emociones, sean sus aspectos conscientes o no, es bastante diferente del de Freud, como vemos en su capítulo 18 de “Teoría de las emociones” (comentado en la parte I). La segunda es que las relaciones entre consciencia y afectos, en lo que respecta por ejemplo al “carácter afectivo de la consciencia”, no es algo originalmente propuesto por Freud, sino antes bien por Lipps (ver VIGOTSKI, 1927/1991). Por tanto, más de una vez, esto no vendría a ser una semejanza profunda, ni un criterio de aproximación efectiva entre los abordajes específicos de los dos autores. Algo así también ocurre en lo que dice respecto al tema de la “catarsis”, tratado por Vygotsky en el capítulo 9 de su “Psicología del Arte” (VIGOTSKI, 1925/1999). Con todo, antes de decir algo categórico sobre tal asunto, cabría recordar que ese concepto remite también a la tradición ancestral de la dramaturgia griega, sobre todo sistematizada por Aristóteles. En esta tradición, la catarsis ya es vista como proceso de purificación promovido por el disfrute de la obra de arte, notablemente la tragedia (19), cuyas estructuras formales son descritas en el libro “Arte poética”, escrito hace más de 300 años antes de nuestra era (ARISTÓTELES, 1979). Cabe recordar además que en el capítulo 9 de “Psicología del arte” dedicado al “Arte como catarsis”, Vygotskiy también dialoga con otros autores además de Freud (20), muchos de ellos citados de forma elogiosa, no destacando en especial el psicoanalista. Pero ahí hay algo de contradictorio en el propio argumento de Vygotskiy al intentar ver la catarsis como “descarga energética”, lo que no coincide con lo que dirá en el capítulo 10 al negar la “interpretación energética” de Freud sobre el chiste. Vygotskiy avanza más cuando busca lo que hay de específicamente humano en el arte. La búsqueda de lo “que hay de humano en el hombre” (21) será la vocación de todo su proyecto posterior en psicología y su principal legado a las generaciones futuras. Así como la “purificación” promovida por la catarsis pudiese ser, en parte, una descarga de energía nerviosa (que no dice ser “sexual”), seguiría siendo fundamental comprender la especificidad/singularidad de las relaciones forma-contenido que pueden conducir a tal transformación social de los sentimientos del lector. Sea en el entendimiento de lo que diferencia la fábula, el cuento y la tragedia; sea en la diferencia entre una tragedia de Sófocles y una de Shakespeare. De modo que, otra vez, la supuesta semejanza entre Freud y Vygotskiy se presenta por vía secundaria, no por identidad epistemológica radical. Hay un tema, un objeto de estudio en común, pero no exactamente el mismo modo general de situarlo y tratarlo teóricamente.

19 Augusto Boal, en su análisis crítico de la dramaturgia clásica griega, señala el carácter ideológico doctrinario de ese proceso de “purificación”... Porque las emociones a ser transformadas en “más puras”, “superiores”, eran justamente aquellas que contradecían los patrones morales dominantes, propios de las castas aristocráticas de la polis griega (ver BOAL, 1975/1988). Lo cual no se diferencia de la evaluación de Bajtín de los llamados “géneros serios” como la lírica y la tragedia, portavoces de una cosmovisión aristocrática, sesuda, que tiende más a lo monológico que a lo polifónico, cuya raíz está más en los géneros serio-cómicos propios de la cosmovisión carnavalesca de origen popular (BAKHTIN 1929/1997). Algo a lo que Vygotskiy no puso atención. Otra distinción de las preferencias literarias de Vygotskiy y Bajtín, sobre todo del papel de lo cómico y de la caricatura, podría ser ventilada pero no es el momento.
20 Pude contar 40 nombres, además de Freud, cuyas contribuciones son citadas: Aristóteles; Avenarius; Christiansen; Darwin; Dessoir; Diderot; Fischer; Goethe; Gross; Hamann; Hennequin; Herder; Iakubinski; James; Kornílov; Kulikóvski; Leman; Lessing; Lipps; Maier; Meinong; Meumann; Müller; Müller-Freienfels; Münstenberg; Orchanski; Ovsiániko-Kulikovski; Pietrajitski; Platão; Potiebniá; Ribot; Shiller; Sócrates; Spencer; Tichener; Viessielovski; Witasek; Wundt; Zeller; y Zienkovski. En un capítulo de 24 páginas, el nombre de Freud aparece apenas en las páginas 251, 252 y 256. Cabría estudiar la especificidad de estas “otras voces”, rescatando la pluralidad de contribuciones sobre “catarsis” en este capítulo, que se apagan por el resalte desproporcionado al (con)sagrado Freud.
21 Para Andrey Puzyriey, esta búsqueda de las “finalidades y los valores fundamentales está presente en todo el pensamiento de Vygotskiy” (PUZIREI, 1989, p. 16 –grifos en la fuente). Se entiende que hay en su obra una fuerte “orientación a lo ‘supremo’ del hombre o, para decirlo con palabras de Dostoiévskiy, al ‘hombre en el hombre’, a su organización psíquica y espiritual, desde el punto de vista de lo que puede ser, en general, el hombre y los caminos que existen para este estado posible, de los caminos que abre, en particular, al arte y a la psicología del arte”. (idem). Evidentemente, Vygotski jamás podría definir todo lo que compone el sentimiento de leer a Shakespeare, Dostoiévskiy, Bunin, en un genérico y mudo concepto de “descarga de energía nerviosa”; no habría sido ese el objetivo principal de su “Psicología del arte”.

Por último, cabe destacar que existe, es verdad, una serie de alusiones elogiosas a Freud en la “Psicología pedagógica” (VIGOTSKI, 1926/2003; 1926/2004). Valsiner y Van der Veer (1991/1996) ya levantaron la duda sobre si eso se debe o no al hecho de que el libro solo es un manual didáctico para estudiantes de enseñanza media, debiendo, por tanto, presentar más una lógica interna de cada teoría que discutirlas críticamente. A pesar de no ser esta la única hipótesis, suena como la más plausible, ya que en el mismo libro también Pávlov es bastante citado y de modo tan elogioso como Freud. En realidad no se toma hoy la adhesión de Vygotskiy a Pávlov como tan importante al punto de necesitar rescatarlo para desarrollar mejor la perspectiva histórico-cultural en general, o su teoría de las emociones en particular. No asumiré la misma postura de Kozulin (1990) en cuanto a este libro, ya que tal autor demuestra “desconfiar” con más desdén por la necesidad de Vygotskiy de adherirse a las ideas de Trotskiy en aquel momento, que por la ausencia de críticas a Pávlov y Freud. De todos modos, concuerdo con aquel estudioso en la evaluación de que es una obra sui generis en la trayectoria intelectual de Vygotski. Es un libro que tiene ideas interesantes para la práctica pedagógica aún hoy, como los temas del “desarrollo moral” y de la “educación estética”, y un valor histórico para la comprensión del pensamiento reflejológico de Vygotski en esa época. Pero no es una obra en la cual se encuentre una profunda alianza teórica entre él y Freud en psicología general, tampoco en la teoría de las emociones.

PARTE III

LA POSICIÓN EXPLÍCITA DE VYGOTSKIY EN CUANTO AL PENSAMIENTO
A-HISTÓRICO DE FREUD

Lo que expuse en las dos partes anteriores constituye el cuerpo de las principales referencias de Vygotskiy a Freud que pude encontrar a lo largo de los últimos años. Citar otros textos importantes de Vygotskiy en que Freud apenas es mencionado no es mi objetivo aquí. Para avalar el alcance de la bibliografía citada el lector deberá pesar la dificultad de adquirir las obras esenciales de Vygotski en Brasil –lo que nunca ocurre con las de Freud, ampliamente traducidas, publicadas y, sobre todo, vendidas en todo el país, igual en tiempos de dictadura. Además de tales referencias, sólo podría hacer dos menciones más a título de recuerdo.

Una es acerca de la referencia eventual de Vygotskiy a la idea de que lo inconsciente puede ser visto no solo como proceso “apartado de la consciencia”, sino también como una “grandeza derivada del desarrollo y de la diferenciación de la consciencia” (VIGOTSKI, 1934/2001 –p. 288). Nada que sugiera estar en profunda alianza con el psicoanálisis. Y, por último, la discusión epistemológica hecha por Vygotskiy al problema de lo inconsciente relativa a la definición del objeto de la propia psicología. Algo que aparece en el texto “La psique, la consciencia y lo inconsciente” (VIGOTSKI, 1930/1991), mas no está en función de una adhesión directa a las contribuciones de Freud, sino de un análisis del problema en diferentes autores, inclusive en el propio Lipps, cuya posición metafísica es destacada en “La crisis en la psicología”. Además, como se sabe, el objeto por excelencia de la psicología para Vygotskiy, hasta el final de su vida, seguirá siendo la “consciencia” –lo que hay de específicamente humano en nuestro psiquismo, el macrocosmos de la palabra significativa.

De este modo, hasta constatar lo contrario, mantengo mis dudas en cuanto a que hubiera algún papel especial para Freud en la teoría de las emociones de Vygotskiy, en cuanto a que fuera relevante o necesario para la formulación de su proyecto de investigación en este campo. Por el contrario, el propio Vygotskiy es quien contesta la posibilidad de tener el psicoanálisis una visión compatible con el proyecto general de la psicología marxista, indicando que la idea ventilada de que la simpatía vygotskiana por el psicoanálisis residiría en el carácter histórico del mismo, carece de fundamento documental, cuando no de fundamento lógico. Asimismo sabemos que el modo de pensar de Vygotskiy se transforma a lo largo de los años, y en los hechos no constatamos cambio alguno por lo que respecta a la posición de este autor sobre el psicoanálisis en el período de 1927 a 1934. En 1927, en el libro ya citado sobre la crisis en la psicología, él ya afirmaba que “el psicoanálisis muestra sus tendencias profundamente estáticas y no dinámicas, conservadoras, anti-dialécticas y anti-históricas” (VIGOTSKI, 1927/1991 –p. 299). En 1934, por motivo a seminarios internos y evaluación de los trabajos de su grupo, Vygotskiy vuelve a decir, de modo abreviado: “la psicología profunda (22) afirma que las cosas son lo que eran. Lo inconsciente no evoluciona –este es un descubrimiento extraordinario. Los sueños resplandecen con luz refleja, a semejanza de la Luna. Esto se desprende de cómo interpretamos la evolución. ¿Como transformación de lo que ha sido desd e un principio? (23) ¿Como nueva formación? Entonces lo más importante será lo último” (VIGOTSKI, 1934/1991 –p. 130).

22 Como se puede ver en el capítulo 18 de “Teoría de las emociones”, “psicología profunda” es un término usado por Vygotskiy para referirse al psicoanálisis freudiano (ver VIGOTSKI, 1931-33/2004 –p. 215).
23 Véase la cuestión del infantilismo ya discutida en la parte II de este trabajo. Y también la nota 15, sobre el tratamiento dado por ese autor al tema de la religión.

Difícil entender que el “descubrimiento extraordinario” no sea una ironía, pero no tan “socrática”, ya que toda la base metodológica de Vygotskiy consiste en estudiar los procesos en su génesis, su desarrollo, su transformación, su historia. ¿Cómo sería “descubrimiento extraordinario” una visión de algo que en nosotros continúa siempre siendo lo que ya era antes, en su naturaleza más profunda y universal? En aquellas discusiones de su grupo, Vygotskiy hablaba de la “psicología de cumbres (que no determina la “profundidad”, sino la “cumbre” de la personalidad)” (1934/1991 –p. 130). En ese sentido criticaba tanto la “psicología superficial” (fenomenológica) como la “psicología profunda” (psicoanalítica), que quiere explicar al hombre por sus profundidades, su naturaleza subterránea. La psicología de “cumbres”, “alturas”, busca comprender al ser humano a partir de él mismo. Como en Marx: “ser radical es tomar las cosas por la raíz, mas la raíz para el hombre es el propio hombre” (apud CHASIN, 1999 -p. 9). Se define al “propio hombre” como ser social, simbólico e histórico por excelencia –lo que la psicología profunda no demuestra priorizar. Como dice Jerome Bruner (2005), al confrontar a Freud y Vygotskiy tenemos en aquél una hermenéutica enfocada en el pasado, y en éste una concepción del desarrollo dirigida al futuro, a las formaciones más avanzadas que emergen y se constituyen mediante el lenguaje en las relaciones sociales. Apenas resta preguntar: ¿retroceder al paradigma freudiano contribuirá a desarrollar una teoría que desea situar las emociones en sus relaciones constitutivas con la consciencia, la historia, la ideología, la cultura y toda la génesis social de la personalidad humana?

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